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Fortunata y Jacinta: Dos Historias de Casadas

Su vida era muy metódica; no se le permitía leer nada, ni él lointentaba tampoco, y siempre
que iba a la calle, doña Lupe le fijaba lahora a que había de volver. Ni una sola vez dejó de
entrar a la hora quese le mandaba. Para que tales días se pareciesen más a los de marras, elúnico
gusto del joven era pasear por las calles sin rumbo fijo, a laventura, observando y pensando. Una
diferencia había entre ladeambulación pasada y la presente. Aquella era nocturna y tenía algo
desonambulismo o de ideación enfermiza; esta era diurna, y a causa de lasbuenas condiciones
del ambiente solar en que se producía, resultaba mássana y más conforme con la higiene
cerebro-espinal. En aquella, la mentetrabajaba en la ilusión, fabricando mundos vanos con la
espuma que echande sí las ideas bien batidas; en esta trabajaba en la razón,entreteniéndose en
ejercicios de lógica, sentando principios yobteniendo consecuencias con admirable facilidad. En
fin, que en lamarcha que llevaba el proceso cerebral, le sobrevino el furor de lalógica, y se dice
esto así, porque cuando pensaba algo, ponía unverdadero empeño maniático en que fuera
pensado en los términos usualesde la más rigurosa dialéctica. Rechazaba de su mente con
tenazrepugnancia todo lo que no fuera obra de la razón y del cálculo, nodesmintiendo esto ni en
las cosas más insignificantes.
Que al poco tiempo de sentir en sí este tic del razonamiento lo aplicóal oscuro problema
lógico de la ausencia de su mujer, no hay para quédecirlo. «Que vive, no tiene duda; este es un
principio inconcuso que nisiquiera se discute. Ahora dilucidemos si está en Madrid o fuera
deMadrid. Si se hubiera ido a otra parte, alguna vez recibiría mi tíacartas suyas. Es así que jamás
llega a casa el cartero del exterior, ycuando va es para traer alguna carta de las hermanas de mi
tío Jáuregui;luego... Pero propongamos la hipótesis de que dirige las cartas a otrapersona para
que yo no me entere. Es inverosímil; pero propongámosla. Ental caso, ¿qué persona sería esta?
En todo rigor de lógica no puede serdoña Casta, porque la señora de Samaniego no gusta de tales
papeles. Entodo rigor de lógica tiene que ser Torquemada. Pero Torquemada,anteayer, entró en
el gabinete de mi tía, y yo, desde el pasillo, le oípreguntarle claramente si había sabido de la
señorita... Luego,Torquemada no es. Luego, no siendo Torquemada, no hay intermediario
decartas; y no habiendo intermediario de cartas, no puede habercorrespondencia; luego está en
Madrid».
Quedose muy satisfecho, y después de detenerse un rato a ver unescaparate de estampas,
volvió a pegar la hebra: «Podría ponerse en dudaque entre ella y mi tía haya comunicación, y en
caso de que no lahubiera, el problema de su residencia seguiría como boca de lobo; peroyo
sostengo que hay comunicación. Si no, ¿qué significa el papelito deapuntes que sorprendí el otro
día sobre la cómoda de mi tía, y en elcual, pasando al descuido la vista, distinguí este renglón
que decía:Corresponden a F. 1.252 reales? F. quiere decir ella. Luego haycomunicación entre
mi tía y ella, y como esta comunicación no es postal,resulta claro, como la luz del día, que reside
en Madrid».
Largos ratos se pasaba en este ejercicio de la razón. A veces se decía:«Rechacemos todo lo
fantástico. No admitamos nada que no se apoye en lalógica. ¿De qué vive? ¿Vivirá
honradamente? No aventuremos ningún juiciotemerario. Podrá vivir honradamente y podrá vivir
de mala manera. Yollegaré a descubrir la verdad enterita, sin preguntar una palabra anadie. Pues
todos callan ante mí, yo callo ante todos. Veo, oigo ypienso. Así sabré todo lo que quiero. ¡Qué
hermosa es la verdad, mejordicho, estos bordes del manto de la verdad que alcanzamos a ver en
latierra, porque el cuerpo del manto y el de la verdad misma no se vendesde estos barrios!... Dios
mío, me asombro de lo cuerdo que estoy. Lagente me mira con lástima, como a un enfermo; pero
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