Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Fortunata y Jacinta: Dos Historias de Casadas

en Ponferrada. Ambasquedaban muy bien atendidas en el testamento; y en cuanto a los
socorrosque anualmente les enviaba, no perdió aquel año la memoria de estaobligación, a pesar
de los muchos quebraderos de cabeza que tuvo. DoñaPaca y los dos criados también se llevarían
un pellizco el día en que elamo faltara.
Indicáronle los clérigos de la parroquia si no dejaba algo parasufragios por su alma, y él, con
bondadosa sonrisa, replicó que no habíaolvidado ninguno de los deberes de la cortesía social, y
que para nodesafinar en nada, también quedaba puesto el rengloncito de las misas.
Fue a verle una tarde Villalonga, y lo primero que le dijo Feijoo,mientras se dejaba abrazar
por él, fue esto: «Pero, hombre, ¿será ustedtan malo que no le dé la canonjía a mi
recomendado?».
—Por Dios, querido patriarca, tengamos paciencia... Haré lo que pueda.Le puse una carta muy
expresiva a Cárdenas mandándole la nota. Peroconsidere usted que es un arco de iglesia.
¡Canonjía! Para mí laquisiera yo.
—Y para mí también... Pero en fin, ¿puede ser o no? Es un cleriguito delas mejores
condiciones.
—Lo creo... ¡pero qué quiere usted! Estos cargos son muy solicitados, ycuando vaca uno, hay
cuatrocientos curas con los dientes de este tamaño.
—Sí, pero mi presbítero es un cura apreciabilísimo, un santo varón...Como que ayuna todos
los días...
—Ya... será un bacalao ese padre Rubín. ¿No le di ya a usted unacredencial de Penales para
un Rubín? Usted por lo visto protege a esafamilia.
—Yo no protejo familias, niño. Déjese usted de protecciones... Sólo queme intereso por las
personas de mérito.
—Por mí no ha de quedar. Le daré otro achuchón a Cárdenas. Pero, lo quedigo, son plazas que
tienen muchos golosos. Los pretendientes explotanel valimiento y la influencia de las señoras.
Casi siempre son lasfaldas las que deciden quién se ha de sentar en los coros de lascatedrales.
—Pues suponga usted, compañero, que yo tengo faldas, que soy unadama... ea.
—Pero si yo no lo he de decidir...
—Mire usted que si no me nombra mi canónigo, no me muero, y le estaréatormentando meses
y meses.
—Mejor... Viva usted mil años.
—¿Y esas elecciones, van bien?
—Como un acero. Tengo allá un padre cura que vale un imperio. Me estáhaciendo unos
arreglos en el distrito, que Dios tirita, y tirita toda laSantísima Trinidad. Ese sí que merece, no
digo yo canonjías, sino sietemitras.
—Le conozco, el Pater... fue capellán de mi regimiento.
Remove