Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Fortunata y Jacinta: Dos Historias de Casadas

viajecito a París... Juanito se manifestóenteramente conforme con su papá, y recibida la
bendición nupcial,verificado el almuerzo en familia sin aparato alguno a causa del luto,sin
ninguna cosa notable como no fuera un conato de brindis de Estupiñá,cuya boca tapó Barbarita a
la primera palabra; dadas las despedidas, consus lágrimas y besuqueos correspondientes, marido
y mujer se fueron a laestación. La primera etapa de su viaje fue Burgos, a donde llegaron alas
tres de la mañana, felices y locuaces, riéndose de todo, del frío yde la oscuridad. En el alma de
Jacinta, no obstante, las alegrías noexcluían un cierto miedo, que a veces era terror. El ruido del
ómnibussobre el desigual piso de las calles, la subida a la fonda por angostaescalera, el aposento
y sus muebles de mal gusto, mezcla de desechos deciudad y de lujos de aldea, aumentaron aquel
frío invencible y aquellapavorosa expectación que la hacían estremecer. ¡Y tantísimo como
queríaa su marido!... ¿Cómo compaginar dos deseos tan diferentes; que sumarido se apartase de
ella y que estuviese cerca? Porque la idea de quese pudiera ir, dejándola sola, era como la
muerte, y la de que seacercaba y la cogía en brazos con apasionado atrevimiento, también
laponía temblorosa y asustada. Habría deseado que no se apartara de ella,pero que se estuviera
quietecito.
Al día siguiente, cuando fueron a la catedral, ya bastante tarde, sabíaJacinta una porción de
expresiones cariñosas y de íntima confianza deamor que hasta entonces no había pronunciado
nunca, como no fuera en lavaguedad discreta del pensamiento que recela descubrirse a sí mismo.
Nole causaba vergüenza el decirle al otro que le idolatraba, así, así,clarito... al pan pan y al vino
vino... ni preguntarle a cada momento siera verdad que él también estaba hecho un idólatra y que
lo estaríahasta el día del Juicio final. Y a la tal preguntita, que había venido aser tan frecuente
como el pestañear, el que estaba de turno contestabaChí, dando a esta sílaba un tonillo de
pronunciación infantil. ElChí se lo había enseñado Juanito aquella noche, lo mismo que el
decir,también en estilo mimoso, ¿me quieles?, y otras tonterías ychiquilladas empalagosas,
dichas de la manera más grave del mundo. En lamisma catedral, cuando les quitaba la vista de
encima el sacristán queles enseñaba alguna capilla o preciosidad reservada, los
espososaprovechaban aquel momento para darse besos a escape y a hurtadillas,frente a la
santidad de los altares consagrados o detrás de la estatuayacente de un sepulcro. Es que Juanito
era un pillín, y un goloso y unatrevido. A Jacinta le causaban miedo aquellas profanaciones; pero
lasconsentía y toleraba, poniendo su pensamiento en Dios y confiando en queEste, al verlas,
volvería la cabeza con aquella indulgencia propia delque es fuente de todo amor.
Todo era para ellos motivo de felicidad. Contemplar una maravilla delarte les entusiasmaba y
de puro entusiasmo se reían, lo mismo que decualquier contrariedad. Si la comida era mala,
risas; si el coche queles llevaba a la Cartuja iba danzando en los baches del camino, risas;si el
sacristán de las Huelgas les contaba mil papas, diciendo que laseñora abadesa se ponía mitra y
gobernaba a los curas, risas. Y a más deesto, todo cuanto Jacinta decía, aunque fuera la cosa más
seria delmundo, le hacía a Juanito una gracia extraordinaria. Por cualquiertontería que este
dijese, su mujer soltaba la carcajada. Las crudezas deestilo popular y aflamencado que Santa
Cruz decía alguna vez,divertíanla más que nada y las repetía tratando de fijarlas en sumemoria.
Cuando no son muy groseras, estas fórmulas de hablar hacengracia, como caricaturas que son
del lenguaje.
El tiempo se pasa sin sentir para los que están en éxtasis y para losenamorados. Ni Jacinta ni
su esposo apreciaban bien el curso de lasfugaces horas. Ella, principalmente, tenía que pensar un
poco paraaveriguar si tal día era el tercero o el cuarto de tan feliz existencia.Pero aunque no sepa
apreciar bien la sucesión de los días, el amoraspira a dominar en el tiempo como en todo, y
Remove