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Fortunata y Jacinta: Dos Historias de Casadas

-I-
Maximiliano Rubín
-I-
La venerable tienda de tirador de oro que desde inmemorial tiempo estuvoen los soportales de
Platerías, entre las calles de la Caza y San FelipeNeri, desapareció, si no estoy equivocado, en
los primeros días de larevolución del 68. En una misma fecha cayeron, pues, dos cosasseculares,
el trono aquel y la tienda aquella, que si no era tan antiguacomo la Monarquía española, éralo
más que los Borbones, pues sufundación databa de 1640, como lo decía un letrero muy mal
pintado en laanaquelería. Dicho establecimiento sólo tenía una puerta, y encima deella este breve
rótulo: Rubín.
Federico Ruiz, que tuvo años ha la manía de escribir artículos sobre losOscuros pero
indudables vestigios de la raza israelita en la modernaEspaña (con los cuales artículos le
hicieron un folletito los editoresde la Revista que los publicó gratis), sostenía que el apellido de
Rubínera judío y fue usado por algunos conversos que permanecieron aquídespués de la
expulsión. «En la calle de Milaneses, en la de Mesón dePaños y en Platerías se albergaban
diferentes familias de ex-deicidas,cuyos últimos vástagos han llegado hasta nosotros, ya sin
carácterfisonómico ni etnográfico». Así lo decía el fecundo publicista, ydedicaba medio artículo
a demostrar que el verdadero apellido de losRubín era Rubén. Como nadie le contradecía, dábase
él a probar cuantole daba la gana, con esa buena fe y ese honrado entusiasmo que ponenalgunos
sabios del día en ciertos trabajos de erudición que el públicono lee y que los editores no pagan.
Bastante hacen con publicarlos. Noquisiera equivocarme; pero me parece que todo aquel
judaísmo de mi amigoera pura fluxión de su acatarrado cerebro, el cual eliminaba
aquellasenfadosas materias como otras muchas, según el tiempo y lascircunstancias. Y me
consta que D. Nicolás Rubín, último poseedor de lamencionada tienda, era cristiano viejo, y ni
siquiera se le pasaba porla cabeza que sus antecesores hubieran sido fariseos con rabo o
sayonesnarigudos de los que salen en los pasos de Semana Santa.
La muerte de este D. Nicolás Rubín y el acabamiento de la tienda fueronsimultáneos.
Tiempo hacía que las deudas socavaban la casa, y se sostenía apuntaladapor las
consideraciones personales que los acreedores tenían a su dueño.El motivo de la ruina, según
opinión de todos los amigos de la familia,fue la mala conducta de la esposa de Nicolás Rubín,
mujer desarreglada yescandalosa, que vivía con un lujo impropio de su clase, y dio mucho
quehablar por sus devaneos y trapisondas. Diversas e inexplicablesalternativas hubo en aquel
matrimonio, que tan pronto estaba unido comodisuelto de hecho, y el marido pasaba de las
violencias más bárbaras alas tolerancias más vergonzosas. Cinco veces la echó de su casa y
 
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