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Florante

No pretendo estima en demasía,
haga chacota y ludibrio de mis pobres versos;
haz lo que quieras, que el arpa está en tus manos,
pero no cambies únicamente el verso.
4.
Si a tu lectura hallas verso impropio,
antes de darlo al raspadillo, o por erróneo,
examínalo bien de arriba a abajo,
y lo verás limpio y correcto.
5.
Si viene, anotado, cualquier pie de verso,
si no lo entiende porque es un erudito decir,
fije la vista hacia abajo,
y comprenderá todo su sentido.
6.
Hago punto aquí, ¡oh lector discreto!
Así no me pase lo de Segismundo,
Página 6 que un tan dulce y sabroso lenguaje
trocó en salobre, a fuerza de cambiar el verso.
COMIENZO DE LA NARRACIÓN
1.
Érase un sombrío, melancólico bosque,[1]
maraña sin intersticios de espinoso bejuco;
donde con harta fatiga pugnaban los rayos de Febo[2]
por visitar su interior de sobejana espesura.
2.
Gigantescos árboles daban allí
tan sólo apesaramientos, congojas y tristura;
canto todavía de las aves ponía espanto
al ánimo más sereno y regocijado.
3.
 
 
 
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