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Filosofía Fundamental, Tomo I

comolegítimos representantes de la razon humana; pero no se puede negar almenos, que en el órden
intelectual son la parte mas activa del humanolinaje. Cuando todos los filósofos disputan, disputan en cierto
modola humanidad misma. Todo hecho que afecta al linaje humano es digno deun exámen profundo;
despreciarle por las cavilaciones que le rodean,seria caer en la mayor de ellas: la razon y el buen sentido no
debencontradecirse, y esta contradiccion existiria si en nombre del buensentido se despreciara como inútil
lo que ocupa la razon de lasinteligencias mas privilegiadas. Sucede con frecuencia que lo grave,lo
significativo, lo que hace meditar á un hombre pensador, no son nilos resultados de una disputa, ni las
razones que en ella se aducen,sino la existencia misma de la disputa. Esta vale tal vez poco por loque es en
sí, pero quizás vale mucho por lo que indica.
[2.] En la cuestion de la certeza están encerradas en algun modo todaslas cuestiones filosóficas: cuando se
la ha desenvueltocompletamente, se ha examinado bajo uno ú otro aspecto todo lo que larazon humana
puede concebir sobre Dios, sobre el hombre, sobre eluniverso. A primera vista se presenta quizás como un
mero cimiento deledificio científico: pero en este cimiento, si se le examina conatencion, se ve retratado el
edificio entero: es un plano en que seproyectan de una manera muy visible, y en hermosa perspectiva,
todoslos sólidos que ha de sustentar.
[3.] Por mas escaso que fuere el resultado directo é inmediato deestas investigaciones, es sobre manera útil
el hacerlas. Importa muchoacaudalar ciencia, pero no importa menos conocer sus límites. Cercanosá los
límites se hallan los escollos, y estos debe conocerlos elnavegante. Los límites de la ciencia humana se
descubren en el exámende las cuestiones sobre la certeza.
Al descender á las profundidades á que estas cuestiones nos conducen,el entendimiento se ofusca y el
corazon se siente sobrecogido de unreligioso pavor. Momentos antes contemplábamos el edificio de
losconocimientos humanos, y nos llenábamos de orgullo al verle con susdimensiones colosales, sus formas
vistosas, su construccion galana yatrevida; hemos penetrado en él, se nos conduce por hondas cavidades,y
como si nos halláramos sometidos á la influencia de un encanto,parece que los cimientos se adelgazan, se
evaporan, y que el soberbioedificio queda flotando en el aire.
[4.] Bien se echa de ver que al entrar en el exámen de la cuestionsobre la certeza no desconozco las
dificultades de que está erizada;ocultarlas no seria resolverlas; por el contrario, la primeracondicion para
hallarles solucion cumplida, es verlas con todaclaridad, sentirlas con viveza. Que no se apoca el
humanoentendimiento por descubrir el borde mas allá del cual no le es dadocaminar; muy al contrario esto
le eleva y fortalece: así el intrépidonaturalista que en busca de un objeto ha penetrado en las entrañas dela
tierra, siente una mezcla de terror y de orgullo al hallarsesepultado en lóbregos subterráneos, sin mas luz
que la necesaria paraver sobre su cabeza inmensas moles medio desgajadas, y descurrir á susplantas
abismos insondables.
En la oscuridad de los misterios de la ciencia, en la mismaincertidumbre, en los asaltos de la duda que
amenaza arrebatarnos enun instante la obra levantada por el espíritu humano en el espacio delargos siglos,
hay algo de sublime que atrae y cautiva. En lacontemplacion de esos misterios se han saboreado en todas
épocas loshombres mas grandes: el genio que agitara sus alas sobre el Oriente,sobre la Grecia, sobre Roma,
sobre las escuelas de los siglos medios,es el mismo que se cierne sobre la Europa moderna.
Platon,Aristóteles, san Agustin, Abelardo, san Anselmo, santo Tomás deAquino, Luis Vives, Bacon,
Descartes, Malebranche, Leibnitz; todos,cada cual á su manera, se han sentido poseidos de la
inspiracionfilosófica, que inspiracion hay tambien en la filosofía, é inspiracionsublime.
Todo lo que concentra al hombre llamándole á elevada contemplacion enel santuario de su alma,
contribuye á engrandecerle, porque le despegade los objetos materiales, le recuerda su alto orígen, y le
anuncia suinmenso destino. En un siglo de metálico y de goces, en que todoparece encaminarse á no
desarrollar las fuerzas del espíritu, sino encuanto pueden servir á regalar el cuerpo, conviene que se
renuevenesas grandes cuestiones, en que el entendimiento divaga con amplísimalibertad por espacios sin
fin.
Solo la inteligencia se examina á sí propia. La piedra cae sin conocersu caida; el rayo calcína y pulveriza,
ignorando su fuerza; la flornada sabe de su encantadora hermosura; el bruto animal sigue susinstintos, sin
preguntarse la razon de ellos; solo el hombre, enfrágil organizacion que aparece un momento sobre la tierra
paradeshacerse luego en polvo, abriga un espíritu que despues de abarcarel mundo, ansía por
comprenderse, encerrándose en sí propio, allídentro, como en un santuario donde él mismo es á un tiempo
el oráculoy el consultor. Quién soy, qué hago, qué pienso, por qué pienso, cómopienso, qué son esos
fenómenos que experimento en mí, por qué estoysujeto á ellos, cuál es su causa, cuál el órden de su
produccion,cuáles sus relaciones; hé aquí lo que se pregunta el espíritu;cuestiones graves, cuestiones
espinosas, es verdad; pero nobles,sublimes, perenne testimonio de que hay dentro nosotros algo superiorá
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