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Filipinas Dentro de Cien Años (Estudio Político-Social)

de conquistarse el temor y lasumisión de sus súbditos, por ellos acostumbradosá la servidumbre,
cayeron como las hojas de un árbolseco, y el pueblo, que no les tenía ni amor niconocía lo que
era libertad, cambió fácilmentede amo, esperando tal vez ganar algo en la novedad.
Comenzó entonces una nueva era para los Filipinos.Perdieron poco á poco sus antiguas
tradiciones, susrecuerdos; olvidaron su escritura, sus cantos, sus poesías,sus leyes, para
aprenderse de memoria otras doctrinas, que nocomprendían, otra moral, otra estética, diferentes
delas inspiradas á su raza por el clima y por su manera desentir. Entonces rebajóse,
degradándose ante susmismos ojos, avergonzóse de lo que era suyo y nacional, paraadmirar y
alabar cuanto era extraño é incomprensible;abatióse su espíritu y se doblegó.
Y así pasaron años y pasaron siglos. Las pompasreligiosas, los ritos que hablan á los ojos, los
cantos, lasluces, las imágenes vestidas de oro, un culto en un idiomamisterioso, los cuentos, los
milagros, y los sermones fueronhipnotizando el espíritu, supersticioso ya de por sí,del país, pero
sin conseguir destruirlo por completo,á pesar de todo el sistema después desplegado yseguido
con implacable tenacidad.
Llegado á este estado el rebajamiento moral de loshabitantes, el desaliento, el disgusto de sí
mismo, se quisodar entonces el último golpe de gracia, para reducirá la nada tantas voluntades y
tantos cerebros adormecidos,para hacer de los individuos una especie de brazos, de brutos,
debestias de carga, así como una humanidad sin cerebro y sincorazón. Entonces díjose, dióse por
admitidolo que se pretendía, se insultó á la raza, setrató de negarle toda virtud, toda cualidad
humana, y hastahubo escritores y sacerdotes que, llevando el golpe másadelante, quisieron negar
á los hijos del país nosólo la capacidad para la virtud, sino también hastala disposición para el
vicio.
Entonces esto que creyeron que iba á ser la muertefué precisamente su salvación. Moribundos
hay quevuelven á la salud merced á ciertos medicamentosfuertes.
Tantos sufrimientos se colmaron con los insultos, y elaletargado espíritu volvió á la vida.
Lasensibilidad, la cualidad por excelencia del Indio, fuéherida, y si paciencia tuvo para sufrir y
morir al pie de unabandera extranjera, no la tuvo cuando aquel, por quienmoría, le pagaba su
sacrificio con insultos y sandeces.Entonces examinóse poco á poco, y conoció sudesgracia. Los
que no esperaban este resultado, cual los amosdespóticos, consideraron como una injuria toda
queja, todaprotesta, y castigóse con la muerte, tratóse deahogar en sangre todo grito de dolor, y
faltas tras faltas secometieron.
El espíritu del pueblo no se dejó por estointimidar, y si bien se había despertado en pocos
corazones,su llama, sin embargo, se propagaba segura y voraz, graciasá los abusos y á los torpes
manejos de ciertas clasespara apagar sentimientos nobles y generosos. Así cuando unallama
prende á un vestido, el temor y el azoramiento hacenque se propague más y más, y cada
sacudida, cadagolpe es un soplo de fuelle que la va á avivar.
Indudablemente que durante todo este período ni faltarongenerosos y nobles espíritus entre la
raza dominante quetrataran de luchar por los fueros de la justicia y de la humanidad,ni almas
mezquinas y cobardes entre la raza dominada que ayudaranal envilecimiento de su propia patria.
Pero unos y otros fueronexcepciones y hablamos en términos generales.
Esto ha sido el bosquejo de su pasado. Conocemos su presente. Yahora, ¿cuál será su porvenir?
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