—Pues míralos; ahora se desnudan, y el gran sacerdote, y Edipo, yJocasta, y el
pueblo tebano entero, se van a cenar sin másacompañamiento, y dejándose a su patria
entre bastidores, algún carneroverde, o si quieres, un excelente beefteck hecho en casa
de Genyeis.¿Quieres oír a Semíramis?
—¿Estás loco, Asmodeo? ¿A Semíramis?
—Sí; mírala; es una excelente conocedora de la música de Rossini.¿Oíste qué bien
cantó aquel adagio? Pues es la viuda de Nino, ya expira;a imitación del cisne, canta y
muere.
Al llegar aquí estábamos ya en el baile de máscaras; sentí un golpeligero en una de
mis mejillas.
Profunda obscuridad; silencio de nuevo en torno mío.
—Asmodeo—quise gritar de nuevo:—despiértame empero el esfuerzo. Llenaaún
mi fantasía de mi nocturno viaje, abro los ojos, y todos los trajesapiñados, todos los
países me rodean en breve espacio: un chino, unmarinero, un abate, un indio, un ruso,
un griego, un romano, unescocés... ¡Cielos! ¿Qué es esto? ¿Ha sonado ya la trompeta
final? ¿Sehan congregado ya los hombres de todas las épocas y de todas las zonasde
la tierra a la voz del Omnipotente en el valle de Josafat?... Poco apoco vuelvo en mí, y
asustando a un turco y a una monja entre quienesestoy, exclamo con toda la filosofía
de un hombre que no ha cenado, eimitando las expresiones de Asmodeo, que aún
suenan en mis oídos:
—El mundo todo es máscaras: todo el año es Carnaval.
En prensa tenía yo mi imaginación no ha muchas mañanas[1] buscando untema
nuevo sobre que dejar correr libremente mi atrevida sin hueso, queya pedía
conversación, y acaso no lo hubiera encontrado a no ser por lacasualidad que contaré;
y digo que no lo hubiera encontrado, porqueentre tantas apuntaciones y notas como en
mi pupitre tengo hacinadas,acaso dos solas contendrán cosas que se puedan decir, o
que no deban porahora dejarse de decir.
[1] Carnaval del año 1832.
Tengo un sobrino, y vamos adelante, que esto nada tiene de particular.Este tal
sobrino es un muchacho que ha recibido una educación de las másescogidas que en
este nuestro siglo se suelen dar; es decir esto, quesabe leer aunque no en todos los
libros, y escribir, si bien no cosasdignas de ser leídas; contar no es cosa mayor,
porque descuida el cuentode sus cuentas en sus acreedores, que mejor que él se las
