¿Y aquel otro? Aquel recorre todos los días a una misma hora todas lasfondas:
aparenta buscar a alguien: en efecto, algo busca; ya loencontró; allí hay conocidos
suyos: a ellos derecho: primera frase suya:
—¡Hombre! ¿Ustedes por aquí?
—Coma usted con nosotros—le responden.
Excúsase al principio; pero si había de comer solo... un amigo a quienesperaba no
viene.
—Vaya comeré con ustedes—dice por fin y se sienta.
¡Cuán ajenos estaban sus convidadores de creer que habían de comer conél! El sin
embargo, sabía desde la víspera que había de comer con ellos:los oyó convenir en la
hora, y es hombre que come los más días de oídas,y algunos por haber oído.
¿Qué pareja es la que sin mirar a un lado ni a otro pide un cuarto almozo y...? Pero
es preciso marcharnos, mi amigo y yo hemos concluido decomer: cierta curiosidad
nos lleva a pasar por delante de la puertaentornada donde ha entrado a comer sin
testigos aquel obscuromatrimonio... sin duda... Una pequeña parada que hacemos
alarma a losque no quieren ser oídos, y un portazo dado con todo el amor propio deun
misántropo nos advierte nuestra indiscreción y nuestra impertinencia.
—Paciencia—salgo diciendo;—todo no se puede observar en este mundo;algo ha
de quedar obscuro en un cuadro: sea esto lo que quede en negroen este artículo de
costumbres de la Revista Española.
Muchas cosas me admiran en este mundo: esto prueba que mi alma debepertenecer
a la clase vulgar, al justo medio de las almas; sólo a lasmuy superiores o a las muy
estúpidas, les es dado no admirarse de nada.Para aquéllas no hay cosa que valga algo,
para éstas no hay cosa quevalga nada. Colocada la mía a igual distancia de las unas y
de lasotras, confieso que vivo todo de admiración, y estoy tanto más distantede ellas,
cuanto menos concibo que se pueda vivir sin admirar.
En un día de esos en que un insomnio prolongado, o un contratiempo de lavíspera
preparan al hombre a la meditación, me paro a considerar eldestino del mundo;
cuando me veo rodando dentro de él con mis semejantespor los espacios imaginarios,
sin que sepa nadie para qué, ni a dónde;cuando veo nacer a todos para morir, y morir
sólo por haber nacido;cuando veo la verdad igualmente distante de todos los puntos
del orbedonde se la anda buscando, y la felicidad siempre en casa del vecino ajuicio
de cada uno; cuando reflexiono que no se le ve el fin a estecuadro halagüeño, que
según todas las probabilidades tampoco tuvoprincipio; cuando pregunto a todos y me
