contraído para con las demás. Elhombre no calavera, el hombre de talento y juicio se
enamora y, porconsiguiente es víctima de las mujeres: por el contrario: las mujeresson
las víctimas del calavera. Dígasenos ahora si el hombre de talentoy juicio no es un
necio a su lado.
El fin de éste es la edad misma; una posición social nueva, un empleodistinguido,
una boda ventajosa, ponen término honroso a sus inocentestravesuras. Semejante
entonces al sol en su ocaso, se retiramajestuosamente, dejando, si se casa, su puesto a
otros, que vengan enél a la sociedad ofendida y cobran en el nuevo marido, a veces
concrecidos intereses, las letras que él contra sus antecesores girara.
Sólo una observación general haremos antes de concluir nuestro artículoacerca de
lo que se llama en el mundo vulgarmente calaveradas. Nosparece que éstas se juzgan
siempre por los resultados; por consiguiente,a veces una línea imperceptible divide
únicamente al calavera delgenio y la suerte caprichosa los separa o los confunde en
uno parasiempre. Supóngase que Cristóbal Colón perece víctima del furor de sugente
antes de encontrar el Nuevo Mundo, y que Napoleón es fusilado devuelta de Egipto,
como acaso merecía: la intentona de aquél y lainsubordinación de éste hubieran
pasado por dos calaveradas y ellos nohubieran sido más que dos calaveras. Por el
contrario, en el día estánsentados como dos grandes hombres, dos genios.
Tal es el modo de juzgar de los hombres; sin embargo, eso se aprecia,eso sirve
muchas veces de regla. ¿Y por qué?... Porque tal es la opiniónpública.
MODOS DE VIVIR QUE NO DAN DE VIVIR
Considerando detenidamente la construcción moral de un gran pueblo, sepuede
observar que lo que se llama profesiones conocidas o carreras noes lo que sostiene la
gran muchedumbre: descártense los abogados y losmédicos, cuyo oficio es vivir de
los disparates y excesos de los demás;los curas, que fundan su vida temporal sobre la
espiritual de losfieles; los militares, que venden la suya con la expresa condición
dematar a los otros; los comerciantes, que reducen hasta los sentimientosy pasiones a
valores de bolsa; los nacidos propietarios, que viven deheredar; los artistas, únicos
que dan trabajo por dinero, etc., ytodavía quedará una multitud inmensa que no
existirá de ninguna de esascosas y que sin embargo existirá: su número en los pueblos
grandes escrecido, y esta clase de gentes no pudieran sentar sus reales en ningunaotra
parte; necesitan el ruido y el movimiento, y viven, como el pobredel Evangelio, de las
migajas que caen de la mesa del rico. Para elloshay una rara superabundancia de
pequeños oficios, los cuales, nopudiendo sufragar por sus cortas ganancias a la
manutención de unafamilia, son más bien pretextos de existencia que verdaderos
oficios; enuna palabra, modos de vivir que no dan de vivir, los que los profesanson no
