obedecen a las leyes dela naturaleza? Si su gas tiene más intensidad, ¿cómo no se
elevan por sísolos, cómo no se sobreponen a los otros?
Esta investigación me conduciría muy lejos. Mi objeto no ha sido más quepintar el
hombre-globo de nuestro país: un artículo de física no puedeser largo: si fuera de
política sería otra cosa. Haré mi últimadeducción y concluiré: los Rozzos, que hasta
ahora han hecho pinitos anuestra vista, parece que ya se han elevado cuanto elevarse
pueden.¡Otros al puesto, experimentos nuevos! Si por el camino trillado nada seha
hecho, camino nuevo.
Esto la razón sola lo indica. Si hay un hombre-globo, que salga, y ledaremos las
gracias; mas cuenta con engañarse en sus fuerzas: recuerdeque primero hay que subir,
y luego hay que dar dirección; y como diceQuevedo, «ascender a rodar es desatino; y
el que desciende de la cumbre,ataja», observe que puede sucederle lo que a los demás,
que conforme sevaya elevando se vaya viendo más pequeño. Si no le hay, lastimoso
esdecirlo, pero aparejemos el paracaídas.
Gran persona debió de ser el primero que llamó pecado mortal a lapereza; nosotros,
que ya en uno de nuestros artículos anterioresestuvimos más serios de lo que nunca
nos habíamos propuesto, noentraremos ahora en largas y profundas investigaciones
acerca de lahistoria de este pecado, por más que conozcamos que hay pecados
quepican en historia, y que la historia de los pecados sería un tantocuanto divertida.
Convengamos solamente en que esta institución hacerrado y cerrará las puertas del
cielo a más de un cristiano.
Estas reflexiones hacía yo casualmente no hace muchos días, cuando sepresentó en
mi casa un extranjero de estos que en buena o en mala partehan de tener siempre de
nuestro país una idea exagerada e hiperbólica,de estos que, o creen que los hombres
aquí son todavía los espléndidos,francos, generosos y caballerescos seres de hace dos
siglos, o que sonaún las tribus nómadas del otro lado del Atlante: en el primer
casovienen imaginando que nuestro carácter se conserva tan intacto comonuestra
ruina; en el segundo vienen temblando por esos caminos, ypreguntan si son ladrones
que los han de despojar los individuos dealgún cuerpo de guardia establecido
precisamente para defenderlos de losazares de un camino, comunes a todos los países.
Verdad es, que nuestro país no es de aquellos que se conocen a laprimera ni
segunda vista, y si no temiéramos que nos llamasenatrevidos, lo compararíamos de
buena gana a esos juegos de manossorprendentes e inescrutables para el que ignora su
artificio, queestribando en una grandísima bagatela, suelen después de sabidos
dejarasombrado de su poca perspicacia al mismo que se devanó los sesos porbuscarles
causas extrañas. Muchas veces la falta de una causadeterminante en las cosas nos
