palcos: no se oye: el teatro es un infierno: luegoparece que el público se ha constipado
adrede aquel día. ¡Qué toser,señor, qué toser!
Llega el quinto acto, y la mareta sorda empieza a manifestarse cada vezmás
pronunciada: a la última puñalada el público no puede más, yprorrumpe por todas
partes en ruidosas carcajadas: los amigos defiendenel terreno; pero una llave decide la
cuestión: sin duda no es la llavecon que encerraba Lope de Vega los preceptos; y cae
el telón entre lamajestuosa algazara y con toda la pompa de la ignominia.
No sé qué propensión tiene la humanidad a alegrarse del mal ajeno; perohe
observado que el público sale más alegre y decidor, más risueño ylocuaz de una
representación silbada: el autor, entretanto, sale confusoy renegando de un público tan
atrasado: no están todavía losespañoles—dice—para esta clase de comedias: se agarra
otro poco a lasintrigas, otro poco a la mala representación, y de esta suerte ya
puedepresentarse al día siguiente en cualquier parte con la conciencialimpia.
Sus amigos convienen con él, y en su ausencia se les oye decir:
—Yo lo dije; esa comedia no podía gustar; pero, ¿quién se lo dice alautor? ¿Quién
pone cascabel al gato?
—Yo le dije que cortara lo del padre en el segundo acto: aquello esdemasiado
largo; pero se empeñó en dejarlo.
He observado, sin embargo, que los amigos literatos suelen portarse congran
generosidad; si la comedia gusta, ellos son los que comointeligentes hacen notar los
defectillos de la composición, y entoncespasan por imparciales y rectos; si la comedia
es silbada, ellos son losque la disculpan y la elogian; saben que sus elogios no la han
delevantar, y entonces pasan por buenos amigos. En el primer caso, dicen:
—Es cosa buena, ¿cómo se había de negar? No tiene más sino aquello, ylo otro, y
lo de más allá... ya se ve; las cosas no pueden serperfectas.
—Señor, no es mala; pero no es para todo el mundo: hay cosas
demasiadoprofundas: tiene bellezas: sobre todo hay versos muy lindos.
Pero la parte indudablemente más divertida es la de oír, acercándose alos corrillos,
los votos particulares de cada cual: éste la juzga malaporque dura tres horas; aquél
porque mueren muchos; el otro porque haygente de iglesia en ella; el de más allá
porque se muda dedecoraciones: esotro porque infringe las reglas: los contrarios
dicenque sólo por estas circunstancias es buena. ¡Qué Babilonia, santo Dios!¡Qué
confusión!
