parainmortalizar hasta los dislates de los próceres; lo ha de soldar todocomo el estaño;
ha de tener más vetas que una mina, y más virtudes queun agua termal. Y después de
tanto trabajo y de tantas calidades, ha desaltar, por fin, como el acero en dando en
cosa dura.
En una palabra, ha de ser el periodista un imposible: no ha de contarsobre todo
jamás con el día de mañana: ¡Dichoso el que puede contar conel de ayer! No debe,
por consiguiente, decir nunca como El Universal:«Este periódico sale todos los días
excepto los lunes»; sino decir: «Deeste periódico sólo se sabe de cierto que no sale los
lunes». Porque elhombre pone y Dios dispone.
No sé qué profeta ha dicho que el gran talento no consiste precisamenteen saber lo
que se ha de decir, sino en saber lo que se ha de callar:porque en esto de profetas no
soy muy fuerte, según la expresión deaquel que miraba detenidamente al Neptuno de
la fuente del Prado, yañadía de buena fe enseñándosele a un amigo suyo:
[2] Antes de ayer apareció en esta corte el número 14 delperiódico El Siglo con
varios artículos en blanco, cuyos epígrafeseran: De la amnistía; Política interior;
carta de don Miguel y donManuel María Hazaña en defensa de su honor y
patriotismo; sobreCortés, y canción a la muerte de don Joaquín de Pablo
Chapalangarra.Posteriormente hemos sabido que se ha suprimido la publicación de
esteperiódico.
—Aquí tiene usted a Jonás conforme salió del vientre de la ballena.
—¿Hombre, a Jonás?—le replicó el amigo—si éste es Neptuno...
—O Neptuno, como usted quiera—replicó el cicerone—que en esto deprofetas no
soy muy fuerte.
El hecho es que la cosa se ha dicho, y haya sido padre de la Iglesia,filósofo o dios
del paganismo, no es menos cierta ni verosímil, ni másdigna tampoco de ser
averiguada en tiempos en que dice cada cual suscosas y las ajenas como y cuando
puede.
Platón, que era hombre que sabía dónde le apretaba el zapato, si bien nolos gastaba,
y que sabía asimismo cuánto tenía adelantado para hablarel que no ha hablado nada
todavía, había adoptado por sistema enseñar asus discípulos a callar antes de pasar a
enseñarles materias más hondas,y en esa enseñanza invertía cinco años, lo cual prueba
evidentemente doscosas: primera, que Platón estaba, como nuestras universidades,
por losestudios largos; segunda, que no es cosa tan fácil como parece enseñar acallar
al hombre, el cual nació para hablar, según han creídoerróneamente algunos autores
mal informados, dejándose deslumbrar sinduda por las apariencias de verosimilitud
