cuestión presente: que seretira usted de la polémica: en primer lugar, porque ha
probadosuficientemente su opinión acerca de tabacos con las poderosas
razonesantedichas de la estatura, de la verruga, de la comedia del año 97, delas deudas
y de la opinión del adversario: y en segundo lugar, porquehabiendo usado el contrario
de mala fe y de indecorosas personalidades(y eso dígalo usted aunque sea mentira), de
que usted no se siente capazen atención a que usted respeta mucho al público
respetable, la polémicase ha hecho asquerosa e interminable. Aquí dice usted una
gracia o dos,si puede, acerca del mayor número de subscripciones que reúne
elperiódico en que usted escribe, que es razón concluyente, y que lepiquen a usted
moscas.
—Señor Fígaro, ese plan será bueno; mas yo le encuentro elinconveniente de que si
en un país en que tan poco prestigio tiene laliteratura y los literatos, en vez de darnos
honor unos a otros nosdamos mutuamente en espectáculo, derribamos nosotros
mismos nuestrosaltares, y nos hacemos el hazmerreír del público... y a mí me
davergüenza...
—¡Ay! ¡ay! ¡ay! ¿Ahora salimos con que tiene usted vergüenza?... y...¡voto va!
Dijéralo usted al principio. Usted es incorregible. Pues,amigo, voy a concluir: hace
muchos años que ando por este mundo, y lasmás de las polémicas que he visto se han
decidido por este estilo.Fuera, pues, razones, señor mío: látigo y más látigo, no sé qué
sabio hadicho que las más de las cuestiones son cuestiones de nombre: aquí,amigo
mío, las más son cuestiones de personas.
Y con esto despedí a mi cliente, quien no sé si habrá aprovechado misconsejos. Una
cosa tan sólo le supliqué al salir por el umbral de mipuerta.
—Si acaso—le dije—oye usted decir a las gentes cuando le vean por elmundo: «ahí
va el cliente de Fígaro: ese es el del artículo».—No locreo, responda usted: el cliente
de Fígaro es un ente ideal que tienemuchos retratos en esta sociedad, pero que no
tiene original en ninguna.
DON CÁNDIDO BUENAFÉ O EL CAMINO DE LA GLORIA
Don Cándido Buenafé es un excelente sujeto, de éstos de quienes solemosdecir con
envidiable conmiseración: «Es un infeliz». Empleado desdepequeño en un ramo de no
mucha importancia, es todo lo más si sabe leerla Gaceta, y redactar, con mala sintaxis
y peor ortografía, algúnoficio sobrecargado de fórmulas y traslados, o hacer un
extracto largode algún expediente corto; pero en medio de su escasa ciencia,
esbastante modesto para desear que su hijo Tomasito sepa más que él, paralo cual no
le es necesario felizmente extraordinarios esfuerzos nisacrificios.
En el tiempo de la libertad de la imprenta leía o devoraba don Cándidolos muchos
papeles públicos que veían la luz, y llegó a formar alta ideade todo hombre capaz de
