para no tenerque leer; para decir del alumno de las musas que más haga: «es
unmancebo de dotes muy recomendables, es mozo que promete»; para mirarle ala
cara con aire de protección y darle alguna suave palmadita en lamejilla, como para
comunicarle por medio del contacto mi saber; parapensar que el que hace versos, o
sabe dónde han de ponerse las comas, ycuál palabra se halla en Cervantes y cuál no,
la llegado al summum delsaber humano; para llorar sobre los adelantos de las ciencias
útiles;para tener orgullo y amor propio; para hablar pedantesco y ahuecado;para vivir
en contradicción con los usos sociales; para ser, en fin,ridículo en sociedad sin
parecérselo a nadie?
...à Madrid la république des lettres était celle des loups,toujours armés les uns
contre les autres: et livrés au mépris où cevisible acharnement les conduit, tous les
insectes, les moustiques,les cousins, les critiques, les maringouins, les envieux,
lesfeuillistes, les libraires, les censeurs et tout ce qui s'attache àla peau des
malheureux gens de lettres, achevait de déchiqueter etde sucer le peu de substance
qui leur restait.
LeBarbier de Séville, act. I.
Muchos son los obstáculos que para escribir encuentra entre nosotros elescritor, y el
escritor sobre todo de costumbres que funda sus artículosen la observación de los
diversos caracteres que andan por la sociedadrevueltos y desparramados: si hace un
artículo malo, ¿quién es él,dicen, para hacerle bueno? Y si le hace bueno, será
traducido, gritana una voz sus amigos. Si huyó de ofender a nadie, son pálidos
susescritos, no hay chiste en ellos ni originalidad; si observó bien, sihizo resaltar los
colores, y si logra sacar a los labios de su lectortal cual picante sonrisa, «es un
payaso», exclaman, como si el toque delescribir consistiera en escribir serio; si le
ofenden los vicios, sirebosa en sus renglones la indignación contra los necios, si los
malosescritores le merecen tal cual varapalo, «es un hombre feroz, a nadieperdona.
¡Jesús, qué entrañas! ¡Habrá pícaro que no quiere queescribamos disparates!» ¿Dibujó
un carácter, y tomó para ello toques deeste y de aquel, formando su bello ideal de las
calidades de todos? ¡Quépicarillo, gritan, cómo ha puesto a don Fulano! ¿Pintó un
avaro como hayciento? Pues ese es don Cosme, gritan todos, el que vive aquí a
lavuelta.—Y no se desgañite para decirle al público:—«Señores, que nohago retratos
personales, que no critico a uno, que critico a todos. Queno conozco siquiera a ese
don Cosme».—¡Tiempo perdido! Que el artículoestá hecho hace dos meses, y don
Cosme vino ayer.—Nada.—Que mi avarotiene peluca y don Cosme no la gasta.—¡Ni
por esas!—Púsole peluca,dicen, para desorientar; pero es él.—Que no se parece a don
Cosme ennada.—No importa; es don Cosme, y se lo hacen creer todos a don
