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Fábulas Literarias

Cual se requiere en casos semejantes,
Y aunque los circunstantes
Observaban atentos,
Ninguno ver podía los portentos
Que con tanta parola y grave tono45
Les anunciaba el ingenioso Mono.
Todos se confundían, sospechando
Que aquello era burlarse de la gente.
Estaba el Mono ya corrido, cuando
Entró maese Pedro de repente,50
E informado del lance, entre severo
Y risueño le dijo: "¡Majadero!
¿De qué sirve tu charla sempiterna,
Si tienes apagada la linterna?"
Perdonadme, sutiles y altas Musas,55
Las que hacéis vanidad de ser confusas:
¿Os puedo yo decir con mejor modo
Que sin la claridad os falta todo?
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FÁBULA VII
La Campana y el Esquilón
(Con hablar poco y gravemente, logran muchos opiniónde hombres grandes.)
En cierta catedral una Campana había,
Que sólo se tocaba algún solemne día.
Con el más recio son, con pausado compás,
Cuatro golpes, o tres, solía dar no más.
Por esto, y ser mayor de la ordinaria marca,5
Celebrada fué siempre en toda la comarca.
Tenía la ciudad en su jurisdicción
Una aldea infeliz de corta población,
Siendo su parroquial una pobre iglesita,
Con chico campanario, a modo de una ermita;10
Y un rajado Esquilón, pendiente en medio de él,
Era allí quien hacía el principal papel.
A fin de que imitase aqueste campanario
Al de la catedral, dispuso el vecindario
Que despacio, y muy poco, el dichoso Esquilón15
Se hubiese de tocar sólo en tal cual función.
Y pudo tanto aquello en la gente aldeana,
Que el Esquilón pasó por una gran campana.
 
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