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Esploración Arqueológica de la Provincia de Catamarca

El primero, nos ha dado una buena série de observacionessobre Tiahuanaco, pero disponiendo
de reducidos elementos deconsulta, ignorando los otros grandes vestigios de viejas sociedadesde
los valles centrales ó de la costa del Perú y los esparcidosen la República Argentina, con la única
base de sus observacionesen la meseta del Lago Titicaca, se concretó á la descripcion de loque
había esplorado, considerando á esas ruinas como vestigios{5}del arte aimará, anteriores á la
dominacion incásica, dinastía queempieza, segun D'Orbigny, con la fundacion del Cuzco por
Manco-Capac,salido del Titicaca en el siglo XI. Incurrió con esto, siguiendoá Garcilaso, en la
creencia errónea de la modernidad de la dinastía,sin detenerse á pensar que es imposible que
naciones como laQuichúa y la Aimará, que profesaban el culto de la tradicion,olvidaran tan
pronto el esplendor de una civilizacion como ladel Titicaca y sus inmediaciones, que debía
todavía existir en laépoca de la aparicion de Manco-Capac, porque un legisladorcomo éste no
brota del desierto, ni que tal civilizacion se destruyeratan rápidamente que sus vestigios fueran
consideradoscomo antiguallas de tiempo desconocido por los mismos indígenas,al llegar los
Españoles.
Castelnau, que recorrió mayor estension de Bolivia y Perúque D'Orbigny, describió mas
estensamente las mismas ruinas,pero sin adelantar nada sobre su orígen. Se ocupó con detalle
delas ruinas del Cuzco, que considera incásicas, y entrando enconsideraciones sobre la
antigüedad de la civilizacion del Perú,que es «bien anterior á la especie de renacimiento á la
cuallos Incas dieron su nombre», se resolvió por el orígen semíticode los habitantes de América,
y por el contacto con las civilizacionesdel Mundo Antíguo, presentando interesantes analogíasen
apoyo de sus ideas, pero descuidando lo que mas debió investigar:las naciones que produjeron
las construcciones gigantescasque admira.
Rivero y Tschudi no las descuidaron, y fueron los primeros autoresque con una masa
considerable de materiales, distinguieron,aunque á grandes rasgos, los centros civilizados y las
razasdel Perú antíguo, antes de la fundacion del reino incásico,refiriendo el orígen de este reino á
la raza que llaman Aimará.Dividen en dos épocas el arte peruano anterior á los incas,pero,
adoptando la genealogía de éstos, dada por Garcilaso,repudian la mas lógica, la de Montesinos, y
encierran en uncuadro estrecho, lo que es resultado de la evolucion social devarias razas durante
decenas de siglos. Poco interés prestan,y la mencionan como simple curiosidad, á la igualdad
que hayentre algunas clavas de madera de chonta, encontradas por ellosen Colombia y en el
Perú, y las de Nueva-Zelandia, y figuranen la misma plancha que una de esas clavas, sin
mayormencion que la de «hacha de piedra verdosa anfibólica encontradaen las huacas del
Cuzco», una verdadera maza de guerraneo-zelandesa, el característico Patoo-Patoo, peculiar á la
consideradacomo pátria de los Maories.{6}
Angrand, en su importantísima carta sobre las antigüedades deTiahuanaco, les atribuye un
remotísimo orígen, con razon, yse inclina tambien á admitir una mayor duracion á la
dinastíaincásica, que la asignada generalmente. Supone que la civilizacionde Tiahuanaco vino
del Norte, como la Quichúa, considerandode un mismo orígen á ambas, aunque
desarrolladasseparadamente desde muy remota antigüedad. Dice: «el puebloque ha elevado los
monumentos de Tiahuanaco, es de unarama de la gran familia Tolteca Occidental, de orígen
Nahuatló Californiano, de cabeza recta, que descendió hácia el Sud enla época de las mas
antíguas migraciones».
El General Bartolomé Mitre ha publicado un importanteestudio sobre Tiahuanaco, que
contiene observaciones propiashechas durante su viaje á esas ruinas, pero las difíciles
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