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Espasmo

carrera, llega elmomento en que éstas se iluminan y las otras se
velan. La verdad es entodo como la luz: no va sin la compañía
de la sombra. Si en este momentocree usted que algunas
sombras misteriosas y propicias le permitenesperar, aguarde
usted a que avance el tiempo y entonces la luz crudale hará ver
su engaño...»
Pero él no la había dejado terminar:
«Y yo voy a decir otras verdades que usted no sabe o no quiere
saber.Usted, que se juzga así; usted, que tiene una mirada tan
clarovidente,¿no sabe que por su rectitud, por su sinceridad, por
su humildad, es unacriatura selecta, digna de reverencia? ¿No
sabe usted que la vida locontamina todo? ¿Hay algo en el
mundo que esté exento de errores? ¿Ysiendo así, cree usted que
la diferencia entre los errores breves y losmayores importa
mucho? Lo que importa es alimentar el ideal del bien.Aquel que
una vez se ha desviado y después entra en el buen camino, ¿noes
más digno de premio que el que siempre siguió la vía recta?
Hubo untiempo en que yo pensaba que ésta fuera la injusticia de
la fe cristianay usted misma me ha hecho volver a mis creencias.
Si usted ha errado,las intenciones que la condujeron al error la
hacen más merecedora deperdón que a cualquier otro. Usted que
se siento indigna del perdón loha esperado, lo espera...»
«No aquí» fue su respuesta. Y lloró. ¡Ella no!
El tiempo había pasado sin disipar esas sombras: él no la decía
que suamor lo había convertido en otro hombre, en un hombre
capaz de otrascosas: ese orgullo la habría desagradado, tal
presunción la habríalastimado. Sin decirle nada más, había ido
viviendo en su puro encanto.La certidumbre de ser amado por
ella le colmaba de una alegría tanlímpida, que en su ser no
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