Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Espasmo

en el territorio de laConfederación, era conocida desde tiempo
atrás.
Los dos amantes se encontraban en la villa el día de la
tragedia; y losgritos, del mismo Príncipe Zakunine, junto con la
detonación del arma,hicieron acudir a los sirvientes
despavoridos, a cuyos ojos apareció untremendo espectáculo: la
Condesa yacía exánime al pie de la cama, lasien derecha
perforada por un proyectil, y un revólver cerca de su mano.Y
por más que la vista de la muerte, de la muerte repentina y
violenta,sea tal que ninguna otra la aventaje en horror, la
presencia de esecadáver no era, sin embargo, lo que producía
una emoción más fuerte,sino el aspecto del sobreviviente.
Semejante a una pálida azalea cruzadapor rayas rojas, el frío
rostro de la infeliz, manchado parcialmente desangre, tenía el
color de la cera, pero nada en él revelaba lascontracciones de la
agonía: por el contrario, una serena confianza yalgo como una
sonrisa todavía viviente le animaban; Levemente apartadoslos
violáceos labios, detrás de los cuales asomaba apenas la
perladalínea de los dientes; abiertos los párpados, las pupilas
vueltas haciael cielo, la muerta parecía estar en éxtasis, como si
aún no hubieseabandonado la existencia del todo, deseosa de
poder atestiguar que fuerade la vida humana, en el silencio y en
la sombra, había por fin halladoel bienestar y la alegría. Lívido,
desencajadas las facciones, loscabellos en desorden sobre la
frente empapada en sudor glacial, loca lamirada, temblorosos los
labios, las manos, todo el cuerpo, como sifuera presa de la
fiebre, el Príncipe Alejo infundía pavor. Después dehaber
pedido auxilio con voz ronca y a gritos, se había
arrodilladojunto al cadáver y lo abrazaba, ensangrentándose
Remove