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Espasmo

anunciara laintención de ésta de morir? En tal caso, la
ambigüedad iba a subsistir.
Una primera noticia, dada por los diarios ingleses que
anunciaban eldescubrimiento del paradero de sor Ana Brighton,
destruyó las dudas delmagistrado. La religiosa, decían esas
hojas, estaba atacada de una graveparálisis, había perdido el uso
del cuerpo y de la palabra.
Un telegrama de Londres para el Journal de Genève precisó, al
díasiguiente, que la enfermedad databa de un mes, y que el
ataqueapoplético, según la declaración de la prima de sor Ana,
su únicaparienta, la había sobrevenido al leer una noticia
funesta.
Y cuando una semana después, recibió Ferpierre con la
confirmación deestos rumores el expediente formado por el
magistrado escocés, vio queuna vez más se había equivocado en
sus previsiones. Sor Ana no habíapodido contestar a la Condesa
ni iluminar a la justicia porque al leerla carta de su antigua
alumna predilecta había caído como muerta.
Aquella carta, hallada a su lado y unida al informe junto con
otras queno tenían importancia, decía:
«Sor Ana, ruegue usted por mí. Ruegue usted mucho, con todo
el fervor desu buena alma, porque tengo necesidad de mucho
perdón.
»Esta es la última carta mía que usted recibe. Si un día sabe
usted loque he hecho, recuerde usted el nombre que siempre
desde la primera vezque gocé de sus caricias quiso darme:
recuerde usted que me ha llamadohija suya y como a tal me ha
amado: para su hija siempre será ustedindulgente.
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