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Espasmo

gracias aellos podía comprender sin gran trabajo, cómo era en
realidad.
La profesión política y la judicial son sin duda las que mejor y
con masrapidez permiten conocer a los hombres; pero hay casos
en que el hombrepolítico es presa de alguna de las mismas
pasiones que presume poderjuzgar en los otros, mientras que el
magistrado, indiferente, sereno,extraño a los intereses que ve
agitarse en torno suyo, está más quecualquier otro en situación
de leer en el libro del corazón. YFerpierre, después de haber
dado libre desahogo en los artísticostrabajos, de su primera
juventud a sus pasiones vivaces, habíacomprendido a tiempo
todo cuanto hay de exagerado, de falso y malsano enuna
concepción demasiado amplia y poética de la existencia, y como
sussentimientos habían llegado a ser más austeros, más severos
eran porconsiguiente sus juicios. El antiguo fondo moral de la
raza helvética,la seriedad y la tristeza acumuladas en el corazón
de la raza por efectode la contemplación de los gigantescos
Alpes; la rigidez casi ingrata deaquel protestantismo que
excluyera de Ginebra durante un tiempo lamúsica por ser un arte
demasiado voluptuoso, se despertaron en éldespués de los
primeros ardores, y a la ligereza algo intencional deljoven poeta,
sucedió la rectitud inflexible del hombre maduro.
Ferpierre se sentía, por lo tanto, animado de una secreta
desconfianzacontra los personajes del drama de Ouchy, que le
fue narrado por el juezde paz en la villa Cyclamens, adonde
había acudido al primerllamamiento. La muerta le inspiraba
mucha lástima, cierto, pero siresultaba cierto que ella misma
había querido abandonar la vida, tanmerecedora sería del
reproche como de la compasión. Además, los vínculosque la
habían ligado con el Príncipe Zakunine estaban fuera de la ley,
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