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Espasmo

—Atestiguo que esta mujer ha sido asesinada. Pido que se me
deje hablarcon el juez de instrucción.
II
LAS PRIMERAS INDAGACIONES
Francisco Ferpierre, juez de instrucción adscripto al tribunal
cantonalde Lausana, era muy joven: todavía no tenía cuarenta
años. Una culturalegal solidísima, mucha ciencia de la vida y del
corazón humano, unanatural aptitud para la observación, que en
el ejercicio de su profesiónse había convertido en genial
clarovidencia y casi en prescienciainerrable, eran circunstancias
reunidas para hacer de él una de lasmejores autoridades de la
magistratura helvética. Y, sin embargo, suprimera vocación
había sido otra.
Amante de las letras, había comenzado a cultivarlas,
descuidando porellas en un principio, los estudios legales como
inútiles e ingratos, yllegando hasta a alimentar una especie de
rencor hacia su familia, quelo exhortaba a seguirlos. Escribiendo
versos de amor y prosa de novelas,ejercitando la divina y
creadora facultad de la imaginación, era comopensaba
conquistarse la gloria, desdeñoso y para nada necesitado
decompensaciones más reales. La muerte de su padre, sostén de
la numerosafamilia, le despertó de su sueño. Comprendió
entonces que su deber erasustituir a su padre y de la noche a la
mañana dijo adiós a la fantasíay a la fábula, para dirigir su
actividad por un camino más positivo.Sus primeros trabajos no
le habían sido inútiles del todo: el hábito dela investigación
contraído al reflexionar sobre argumentos ficticios, lohabían
hecho hábil para desentrañar los misterios con que lucha
lajusticia. Había comenzado a estudiar la vida en los libros, y
 
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