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Espasmo

¿En qué forma lo era? ¿Podía, acaso, la infeliz, ni sabíacómo
impedir al Príncipe que se fuera con otras mujeres? ¿De qué
modohacía sombra esa desgraciada a la nihilista? ¿No tenían los
dos rusosplena libertad para permanecer juntos en Zurich? Y si
racionalmente nose puede imputar el homicidio al uno ni a la
otra, ¿podemos suponer quelo han cometido juntos? ¡El absurdo
sería doble! Después, si la amiga deusted no hubiera tenido
razones para huir de la vida, nos encontraríamosen el caso de
acoger la sospecha del asesinato, por poco fundada quefuera,
como lo es. Pero los motivos que pueden haberla impulsado
alsuicidio, no sólo no faltan, sino que abundan. Usted tiene,
noobstante, un argumento de su parte, uno solo...
Ferpierre se detuvo un momento para respirar. Roberto Vérod
permanecíaen la misma actitud en que desde el principio lo
había escuchado: lacabeza baja, las manos estrechamente
apretadas, como quien espera ungolpe mortal.
—Hay cientos y miles de mujeres que en la situación de la
Condesad'Arda, entre sus escrúpulos y las tentaciones de la
pasión, no lleganal extremo de suicidarse. Esperan, y con el
tiempo se acomodan a unavida que por un momento creyeron
insufrible: transigen con susescrúpulos; hallan en el ejemplo de
los demás una excusa y confianza enla redención futura. Tal es
la conducta de todas, de casi todas. Ustedha definido bien, desde
el primer momento, la importancia de esta razón.Pero para creer
eso, para sostener que la Condesa no ha querido matarseaun
después de su última explicación con usted, ante la visión del
malinevitable, tiene usted que admitir que su amiga, que esa
mujer, cuyagrandeza de alma decanta usted y en que yo
realmente creo por estasconfesiones, por las declaraciones de las
gentes que la conocieron,tiene usted que admitir, digo, que en
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