Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Entre Naranjos

—Lo que más extraño—dijo Rafael que deseaba desviar laconversación—es que
todos se acuerden ahora de la hija del doctor. Hanpasado años y más años, sin que
nadie pronunciase su nombre.
—Estas son cosas de aquí—contestó el viejo.—Los de vuestra edad no lahabíais
visto, y vuestros padres, que conocieron al doctor y a su hija,han tenido siempre buen
cuidado de no sacar a conversación a esa mujer,que, como dice tu madre es la
deshonra de Alcira. De vez en cuando sesabía algo; una noticia que Cupido pescaba
en los periódicos y propagabapor ahí; una revelación de la tonta doña Pepa, que
contaba a loscuriosos las glorias de su sobrina en el extranjero; muchas mentirasque
se inventaban no se sabe dónde ni por quien. Todo esto quedabaoculto como el fuego
bajo la ceniza. Si a esa muchacha no se le hubieraocurrido volver a Alcira... nada.
Pero ha venido, y de pronto todoshablan de ella, y resulta que saben o creen saber su
vida, desembuchandolas noticias de muchos años. ¿Queréis creerme, hijos míos? Yo
la heconsiderado siempre una pájara de cuenta, pero aquí se miente mucho...mucho;
se le levanta un mal testimonio al mismo verbo divino; y no serátanto como dicen...
¡Si fuese uno a hacer caso! ¿No era el pobre donRamón el más grande hombre de esta
tierra? ¿Y qué cosas no decían deél?...
Ya no se habló más de la hija del doctor Moreno. Rafael sabía cuantodeseaba.
Aquella mujer había nacido a corta distancia de donde él nació;sus infancias habían
transcurrido casi juntas y, sin embargo, en elprimer encuentro de su vida, se habían
sentido separados por la frialdadde lo desconocido.
Esta separación sería cada vez mayor. Ella se burlaba de la ciudad,vivía fuera de su
influencia, en pleno campo, despreciándola, y laciudad no iría a ella.
¿Cómo aproximarse?... Rafael estuvo tentado aquella misma tarde,paseando sin
rumbo por las calles de buscar en su tienda al barberoCupido. El alegre bohemio era
el único de Alcira que entraba en su casa.Pero lo detuvo el miedo a su lengua
murmuradora.
A su respetabilidad de hombre de partido le repugnaba entrar en aquellabarbería
empapelada con láminas de El Motín y presidida por elretrato de Pí y Margall. ¿Cómo
justificaría su presencia allí, dondejamás había entrado? ¿Cómo explicar a Cupido su
interés por aquellamujer, sin exponerse a que en la misma noche lo supiera toda la
ciudad?
Pasó por dos veces frente a los rayados cristales de la barbería, sinatreverse a poner
la mano en el picaporte, y acabó por salir al campo,siguiendo la orilla del río,
lentamente, con la vista fija en aquellaalquería azul, que nunca había llamado su
atención, y ahora le parecíala más hermosa del dilatado paraíso de naranjos.
Remove