fuerte como sus escamas de hierro, que lo sepulten en elOcéano
antes de arriar el pabellón blanco y celeste!
Adiós a París.—La Vendée.—Saint-Nazaire.—"La ville
deBrest".—Las Islas Azores.—El bautismo en los
trópicos.—LaGuadalupe.—Pointe-à-Pitre.—Las frutas
tropicales.—Basse-Terre ySaint-Pierre.—La Martinica.—
Fort-de-France.—Una fiesta en laSabane.—Las negras.—
Las hurís de ébano.—El embarque delcarbón.—El
tambor alentador.—La "bamboula" a la luzeléctrica.—La
danza lasciva.—El azote de la Martinica.—Unaopinión
cruda.—El antagonismo de raza.—Triste porvenir.
Pasé unos pocos días en París preparándome para la larga
travesía ydespidiéndome de las comodidades de aquella vida
que, una vez que se haprobado, con todas sus delicadezas
intelectuales y con todo su confortmaterial, aparece como la
única existencia lógica para el hombre sobrela tierra. ¡Qué error,
qué triste error el de aquellos que no ven aParís sino bajo el
prisma de sus placeres brutales y enervantes! Lo quetiene
precisamente de irresistible ese centro, es su atmósfera elevada
ypurísima, donde el espíritu respira el aire vigoroso de las
alturas. Laciencia, las artes, las letras, tienen allí sus más
noblesrepresentantes, y una hora en la Sorbona, en el colegio de
Francia o enla Escuela Normal, hacen más por nuestra
educación intelectual que unmes de lectura...
Volamos sobre los campos de la Vendée, la patria de
Larochefoucauld yd'Elbée, de Cadoudal y Stofflet, la tierra de
