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¿Debe tomarse en cuenta el contexto?
Mi maestro de religión judía, al que llamábamos Moré (palabra
que quiere decir Maestro), tenía un rostro muy atractivo. Sin
embargo, era cojo. Esto no me molestaba aunque mis compañeros
se burlaban de él y decían que parecía un trompo cuando
caminaba. Estaba casado con una mujer muy bonita. Pero nadie
es perfecto: tenía mal aliento. Algo en su estómago producía un
olor que liquidaba cualquier mosca que volara cerca. Mis
compañeros juraban que era un placer tenerlo de visita en la
casa, porque porque no se necesitaba mosquitero contra los
temidos zancudos tropicales.
Una tarde el Moré se enfermó y no hubo clases de religión. No
podíamos irnos para la casa hasta que pasaran por nosotros y
debimos esperar en el aula. A mí no me preocupaba que el
maestro estuviera enfermo, pero Aidita, a quien le gustaban sus
lecciones, lo echaba de menos. Yo estaba feliz porque no tenía que
leer la tarea que me puso, pero debía escribir una historia para
explicarle a los compañeros qué era el “contexto” en la Biblia. La
ausencia del maestro me sirvió para aclararle el contexto a Aidita.
? ¡Ay que le pasará al Moré! ¿De qué estará enfermo?
? Ayer le olía la boca peor que nunca, seguro es que se le
arruinó un libro.
? ¿Cómo que se le arruinó un libro?
? Pues sí. Mi abuelo dice que Dios escribe libros y los publica
con su aliento y el Moré debe hacer lo mismo. Pero a diferencia
del Señor, él tiene tan mala pasta, o sea un ambiente tan podrido
en su estómago, que las palabras le salen oliendo muy mal.
? Esa es la cosa más rara que he oído en mi vida. El único
“contexto” que va a oler mal será el tuyo cuando se lo cuente al
Moré.