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En el Fondo del Abismo

—¡Ah! exclamó triunfalmente Maugirón. ¿Lo veis? Tragomer, noble bretóncuya sinceridad está fuera de
duda, puesto que no quiere engaarme conmi… amiga que se le ofrece sin ambages, comparte conmigo la
opininque yo he tenido el honor de desarrollar ante esta honradaconcurrencia… Habla, Tragomer; tú
debes tener argumentos para estosmogigatos que me chillaban hace un momento y ahora te escuchan con
laboca abierta porque tomas esos aires tenebrosos que les hacen esperarrevelaciones sensacionales. ¡Anda,
amigo mío, rompe los diques de tuelocuencia, convéncelos, aplástalos, á Marenval sobre todo, que haestado
innoble conmigo, interrumpiéndome continuamente, como siestuviese yo elogiando alguna falsificación de
su fécula, que es, dichosea de paso, la más sospechosa porquería que se ha fabricado nunca enlos dos
hemisferios!
—Adis! ya se dispar… exclam Marenval con desesperacin. ¿Quiéndetiene ese molino de palabras?
—¡Cállate! gritó el coro de convidados.
—¡Tragomer! ¡Tragomer!
Y los cuchillos golpeaban los vasos en cadencia, con un ruidoensordecedor. El joven Maugirón hizo un
signo con la mano para reclamarsilencio y con voz aflautada dijo:
—El señor vizconde Cristián de Tragomer tiene la palabra sobre el errorjudicial y sus fatales
consecuencias.
En seguida se volvió á sentar y un silencio profundo se produjo, como sitodos los concurrentes sospechasen
que Cristián tenía revelacionesimportantes que hacer.
—No ignoráis, dijo entonces Tragomer, que partí hace dos años para unviaje al rededor del mundo que me
ha tenido alejado de París y de misamigos hasta el otoño último. Durante esos veinticuatro meses
herecorrido numerosos y variados países y paseado por ellos miaburrimiento y mi tristeza. Tenía serias
razones para dejar la Francia.Una gran pena había alterado mi vida. Un suceso misterioso,
todavíainexplicable para mí, había producido la prisión, el procesamiento y lacondena de mi compañero de
la juventud, de Jacobo de Freneuse…
—¡Sí! nos acordamos de aquel deplorable asunto, dijo Chambol, y auncreo que Marenval era algo pariente
ó aliado de la familia de Freneuse yque este pobre amigo estuvo muy afectado por el escándalo horrible
queprodujo el proceso.
—No es divertido, ciertamente, dijo Marieta de
Fontenoy, para un hombre como Marenval, que es la corrección y laelegancia mismas, el ver á uno de sus
parientes en el banquillo de losacusados.
Marenval dirigió á la hermosa muchacha una sonrisa de agradecimiento y,tomando una actitud solemne,
declaró:
—Aquello me podía hacer un daño inmenso ante el mundo, en el queacababa de entrar y al que había
conquistado, me atrevo á decirlo, porel lujo de mi casa, por la esplendidez de mis fiestas y por
misescogidas relaciones. No hacía falta más para hundirme por completo. Yoera ya un industrial
enriquecido en los artículos alimenticios, variedadsocial difícil de imponer en los círculos y de implantar en
la buenasociedad, y tenía que pasar de repente á la situacin de pariente de uncondenado á muerte… La
cosa no era halagüeña!
—Bien puedes decir, amigo mío, afirmó Lorenza Margillier, que para serun
snob
, tuviste una entrada que no fu ordinaria…
—Yo no soy un
snob
, dijo vivamente y en tono de protesta Marenval.Solamente, me gusta la distinción en todo. Toda mi
vida ha transcurridoen el trato de gente nauseabunda y ya estoy harto. ¡No quiero ya ver másque
personas correctas!
—¡Te dejarías azotar por tutear á un duque!
—Tienes razón, Marenval; debemos fijar siempre nuestra vista en lasalturas.
—¡Y buscar á los que nos desprecian!
—En todo caso, corrí gran riesgo de ser despreciado á causa de esemaldito asunto! replicó Marenval con
aire ofendido. Así, podéis creerque la cosa me hizo brotar canas…
—¿Dónde las tienes?
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