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Electra

EVARISTA (quitándole la palabra de la boca). El afán, la sed
deriquezas para saciar con ellas el apetito de goces. Gozar,
gozar, gozar:esto queréis y por esto vivís en continuo ajetreo,
comprometiendo en lalucha vuestra naturaleza: estómago,
cerebro, corazón. No pensáis en labrevedad de la vida, ni en la
vanidad de los afanes por cosa temporal;no acabáis de
convenceros de que todo se queda aquí.
MÁXIMO (con gracia, impaciente por retirarse). Todo se
queda aquí,menos yo, que me voy ahora mismo.
JOSÉ (anunciando). El señor Marqués de Ronda.[43]
MÁXIMO (deteniéndose). ¡Ah! Pues no me voy sin saludarle.
EVARISTA (recogiendo papeles). No quiere Dios que
trabajemos hoy.
DON URBANO. Me figuro a qué viene.
EVARISTA. Que pase, José, que pase. (Vase José.)
MÁXIMO. Viene a invitar a ustedes para la inauguración del
nuevoBeaterio de La Esclavitud,[40] fundado por Virginia.
Anoche me lodijo.
EVARISTA. ¡Ah! sí... ¿Pero es hoy?...
ESCENA III
EVARISTA, DON URBANO, MÁXIMO, EL MARQUÉS.
MARQUÉS (saludando con rendimiento). Ilustre amiga...
Urbano. (AMáximo.) ¿Qué tal? No creía yo encontrar aquí al
mágico...
MÁXIMO. El mágico saluda a usted y desaparece.
MARQUÉS. Un momento, amigo. (Reteniéndole.)
EVARISTA. Pues sí, Marqués: iremos.
 
 
 
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