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Electra

honre con susconsejos para cuanto se refiere al Beaterio de Las
Esclavas.[35]
PANTOJA. Sí, sí: esta tarde iré a ver a Virginia y hablaremos.
MARQUÉS. En el Beaterio la tiene usted toda la tarde. Y pues
estoy demás aquí... (En ademán de retirarse.)
ELECTRA. No. Usted no estorba, señor Marqués.
MARQUÉS. Me voy con la música... al taller de Máximo.
PANTOJA. Sí, sí: allí se distraerá usted mucho.
MARQUÉS. Hasta luego, mi reverendo amigo.
PANTOJA. Dios le guarde. (Vase el Marqués hacia el jardín.)
ESCENA XI
ELECTRA, PANTOJA.
PANTOJA (vivamente). ¿Qué decía? ¿Qué contaba ese
corruptor de lainocencia?
ELECTRA. Nada: historias, anécdotas para reír...
PANTOJA. ¡Ay, historias! Desconfíe usted de las[35] anécdotas
jocosas y delos narradores amenos, que esconden entre jazmines
el aguijónponzoñoso... La noto a usted suspensa, turbada, como
cuando se hasentido el roce de un reptil entre los arbustos.
ELECTRA. ¡Oh, no!
PANTOJA. La inquietud que producen las conversaciones
inconvenientes, secalmará con los conceptos míos bienhechores,
saludables.
ELECTRA. Es usted poeta, señor de Pantoja, y me gusta oírle.
 
 
 
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