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Electra

alma! (El Marqués, queentra por el jardín, avanza despacio.)
¡Ah!... Señor Marqués.
MARQUÉS. ¿Se asusta usted?
ELECTRA. Nada de eso: me sorprendo no más. Si viene usted a
oírme tocar,ha perdido el viaje. Hoy no estudio.
MARQUÉS. Me alegro. Así podremos hablar... Apenas
presentado a usted,entro de lleno en la admiración de sus
gracias, y conocida una parte desu carácter, deseo conocer algo
más... Usted extrañará quizás estacuriosidad mía y la creerá
impertinente.
ELECTRA. ¡Oh! No, señor. También yo soy curiosilla, señor
Marqués, y mepermito preguntarle: ¿es usted amigo de
Máximo?
MARQUÉS. Le quiero y admiro grandemente... Cosa rara,
¿verdad?
ELECTRA. A mí me parece muy natural.
MARQUÉS. Es usted muy niña, y quizás no pueda[32] hacerse
cargo de lascausas de mi amistad con el Mágico prodigioso...[31]
A ver si meentiende.
ELECTRA. Explíquemelo bien.
MARQUÉS. La sociedad que frecuento, el círculo de mi propia
familia ylos hábitos de mi casa, producen en mí un efecto
asfixiante. Casi sindarme cuenta de ello, por puro instinto de
conservación me lanzo a vecesen busca del aire respirable. Mis
ojos se van tras de la ciencia, trasde la Naturaleza... y Máximo
es eso.
ELECTRA. El aire respirable, la vida, la... ¿Pues sabe usted,
Marqués,que me parece que lo voy entendiendo?
 
 
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