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Electra

regocija. (Inquieto ycomo dominado de una idea fija, mira hacia
el jardín.)
CUESTA. Ascético estáis.
PANTOJA. ¡Pero esa loquilla...! Véala usted correteando con
los chicosdel portero, con los niños de Máximo y con otros de la
vecindad. Cuandola dejan[15] explayarse en las travesuras
infantiles, está Electra en susglorias.
CUESTA. ¡Adorable muñeca! Quiera Dios hacer de ella una
mujer de mérito.
PANTOJA. De la muñeca graciosa, de la niña voluble, podrá
salir un ángelmás fácilmente que saldría de la mujer.
CUESTA. No le entiendo a usted, amigo Pantoja.
PANTOJA. Me entiendo yo... Mire, mire como juegan.
(Alarmado.) ¡Jesúsme valga![12] ¿A quién veo allí? ¿Es el
Marqués de Ronda?
CUESTA. Él mismo.
PANTOJA. Ese corrumpido corruptor. Tenorio[13] de la
generación pasada,no se decide a jubilarse por no dar un
disgusto a Satanás.[14]
CUESTA. Para que pueda decirse una vez más que no hay
paraíso sinserpiente.
PANTOJA. ¡Oh, no! ¡Serpiente ya teníamos! (Nervioso y
displicente, sepasea por la escena.)
CUESTA. Otra cosa: ¿no se ha enterado usted de la millonada
que lestraigo?
 
 
 
 
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