compañera, al encaminarse con paso apresuradohacia el sombrío círculo de obscuros
y desnudos árboles, me eran muyfamiliares.
Aquella era Mabel Blair. El secreto estaba descubierto. Su repentinodeseo de venir
a Mayvill había sido con el fin de celebrar unaentrevista a media noche.
QUE SE REFIERE PURAMENTE A UN DESCONOCIDO
Sin un momento de vacilación me puse mi sobretodo, cubrí mi cabeza conun gorro
de golf y bajé a la pieza que quedaba debajo de la mía, dondeencontré abierta una de
las grandes ventanas, y por ella salírápidamente al enarenado camino.
Tenía la intención de descubrir el motivo de esta entrevista nocturna yla identidad
de su compañero, que debía ser evidentemente algún noviosecreto cuya existencia nos
había ocultado a todos. Pero, seguirladerecho a través del prado iluminado por los
rayos de la luna, erahacerse descubrir en el acto. Por lo tanto, me vi obligado a dar
unavuelta circular y tortuosa, buscando siempre el amparo de las sombras,hasta que al
fin llegué al bosque de arbustos, donde me paré y me puse aescuchar ansiosamente.
Allí no se oía más que el suave crujido de las ramas y el triste gemidodel viento. Un
lejano tren cruzaba el valle, y en algún lugar de laaldea próxima ladraba un perro. No
pude, sin embargo, distinguir voceshumanas. Lentamente me abrí paso a través de las
hojas caídas hasta quehube orillado todo el bosque, y entonces saqué la consecuencia
de quedebían haberlo cruzado por alguna senda extraviada y luego haberpenetrado en
el parque.
Mi marcha se hacía más difícil, porque la luna no estaba losuficientemente cubierta
por las nubes para que mis movimientos hubieranquedado protegidos por las sombras,
y temía dar a conocer mi presenciasi salía a campo abierto.
Pero el proceder de Mabel de venir aquí a verse con este hombre, fueraquien fuera,
me llenaba de confusión y embarazo. ¿Por qué no se veía enLondres con él?—
cavilaba yo.—¿Sería tan poco presentable este novio,que su aparición en Londres
fuese cosa imposible? No es raro ni tampocouna novedad que una niña de buena cuna
se enamore del hijo de unlabrador, como no lo es que un caballero ame a una
campesina.
Muchas niñas bonitas de Londres sienten en la actualidad una secretaadmiración
por algún joven gañán o un caballerizo buen mozo de laposesión de su padre,
encerrándose la gravedad de este amor no declaradoen la completa imposibilidad de
su realización.
