Me quedé un rato más y tomé una taza de té con él; pero a las cuatro ymedia
entraba en el expreso y partía para Londres, decepcionado de miviaje completamente
estéril. Dado lo que me había explicado, el secretose hacía más impenetrable e
inescrutable que nunca.
CIERTAS COSAS QUE DESCUBRIMOS EN MAYVILL
—La señorita Blair, señor—me anunció Glave al día siguiente, un pocoantes de las
doce. Me encontraba solo en mi pieza particular, fumando ycompletamente
confundido en la empresa de resolver el problema de lascartas del muerto.
De un salto me puse en pie para recibir a Mabel, que estaba encantadoray muy
elegante con sus ricas y abrigadas pieles.
—Supongo que si la señora Percival supiera que he venido sola aquí, medaría una
grave conferencia sobre la impropiedad de venir a visitar a unhombre en sus
habitaciones—me dijo riendo, después que la saludé ycerré la puerta.
—Casi se puede decir que es la primera vez que me ha honrado con unavisita, ¿no
es así? Y me parece que no necesita inquietarse mucho por loque piense la señora
Percival.
—¡Oh! cada día está más rígida—refunfuñó Mabel.—No debo ir aquí, nitampoco
allá; se asusta de que hable con este hombre o con aquel otro, yasí todo por el mismo
estilo. Verdaderamente, me voy cansando de esto,le aseguro—declaró, sentándose en
la silla que yo acababa de desocupar,desprendiendo el cuello de su pesada capa de
pieles y acercando suprecioso pie al fuego de la chimenea.
—Pero ha sido para usted una amiga muy buena—le argumenté.—Según loque yo
he podido ver, ha sido la más cómoda de las damas de compañía.
—La verdaderamente modelo es aquella que desaparece por completo cincominutos
después que ha entrado en la habitación—manifestó Mabel.—Y esjusto que le
conceda a la señora Percival lo que le corresponde, porqueella nunca se ha prendido
de mí en los bailes y reuniones, siempre me hadejado en libertad, y si me ha
encontrado sentada en algún puntoretirado y obscuro, ha tenido a mano un pretexto
para dirigirme a otraparte. Sí—suspiró,—supongo que no debo quejarme cuando
recuerdo esasviejas regañonas en cuyo poder están otras niñas. Por ejemplo,
ladyAnetta Gordon y Violeta Drummond, dos preciosas niñas que se hanestrenado en
esta última season, sufren verdaderas torturas con esasviejas brujas que las
acompañan a todas partes. Ambas me han contado queno pueden levantar los ojos
para mirar a un hombre, sin que al díasiguiente tengan que soportar una dura
conferencia sobre las manerascorteses y la modestia propia de una niña.
