Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
—¿Sería, en efecto, este hombre, que bajo el pobrísimo hábito dereligioso encubría
sus malos actos, responsable de la muerte deldesgraciado Blair y de la misteriosa
desaparición de ese pequeño yextraño objeto, que era su más preciado tesoro?
No sé por qué, tenía el convencimiento de que esta sospecha era unarealidad.
XI
EN EL QUE SE EXPLICA EL PELIGRO DE MABEL BLAIR
De las averiguaciones que a la mañana siguiente hizo el viejo Babbo enla Cruz de
Malta, resultó evidente que el señor Ricardo Dawson, fuesequien fuese, venía a Lucca
constantemente, y siempre con el fin devisitar y consultar al popular monje
capuchino.
Algunas veces el inglés tuerto que hablaba el italiano tan bien, iba almonasterio y
permanecía allí varias horas, y otras fray Antonio venía ala posada y se encerraba con
el huésped en el mayor secreto.
El «ceco», así llamado por su ojo defectuoso, aparentemente era unhombre de
recursos, porque sus propinas a los mozos y mucamas eransiempre generosas, y
cuando estaban allí hospedados, tanto él como suhija, ordenaban lo mejor que podía
procurarse. Venían de Florencia,pensaba el padrone, pero de esto no estaba seguro.
Las cartas ytelegramas que solía recibir, pidiéndole que les reservara
habitaciones,llegaban fechadas en diferentes ciudades de Francia o Italia, lo
cualparecía demostrar que constantemente viajaban.
Estos fueron todos los informes que pudimos obtener. La identidad delmisterioso
Paolo Melandrini permanecía aún sin descubrirse. El principalobjeto que me había
traído a Italia no había sido llenado, pero, sinembargo, estaba satisfecho de haber
descubierto al fin a dos de los másíntimos y a la vez secretos amigos del pobre Blair.
Pero ¿por qué este misterio? Cuando recordaba cuán estrecha había sidonuestra
amistad, me quedaba sorprendido, y hasta un poco disgustado, dever que me había
ocultado la existencia de estos dos hombres. Por muchoque sintiera tener que pensar
mal de un amigo muerto, no podía evitarque me asaltara la sospecha de que su
relación con estos individuosformaba parte de su secreto, y que este último era algo
deshonroso.
Poco después de mediodía, guardé mis cosas dentro de mi valija, eimpelido por un
poderoso deseo de regresar para poder defender losintereses de Mabel Blair,
abandoné Lucca, partiendo para Londres. Babbome acompañó hasta Pisa, donde
cambiamos de trenes; él para retornar aFlorencia y yo para tomar el coche-dormitorio
del expreso que corre deRoma a Calais.
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.