Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
Mabel habíame hablado a menudo de las frecuentes ausencias de su padre,ausencias
que duraban algunas veces una, dos y hasta tres semanas, y enque no se sabía su
destino ni dejaba su dirección. Ahora habían quedadoaclarados sus extraños viajes
errantes.
Consumido por la mayor ansiedad, esperé día tras día, pasando horasenteras
tratando de descifrar el enigma enloquecedor de la carta dejuego que tenía en mi
poder, hasta que, en la mañana del 6 de marzo, enpresencia de que Carlini no tenía
éxito en Florencia, me fui con él a lavieja ciudad de Lucca, adonde llegamos por la
vía de Pistoya, a las dosde la tarde.
En el hotel Universo me dieron, para alojarme, ese inmenso dormitoriocon esas
maravillosas pinturas al fresco, que fue ocupado por Ruskindurante tanto tiempo, y
antes que el Ave María resonara a través de lascolinas y planicies, me separé de
Babbo y encamineme, como turista, a lamagnífica iglesia medioeval, cuya obscuridad
sólo la atenuaban las velasque ardían en los altares laterales y delante de la imagen de
NuestraSeñora.
Cuando entré, estaban en el momento de las vísperas, y el silencio demuerte que
reinaba en el inmenso interior del templo, era sólointerrumpido por el murmullo bajo
del reverente sacerdote.
Había una docena de personas en la iglesia, todas mujeres, salvo uno—unhombre
que, de pie detrás de una de las columnas circulares, esperabaallí, pacientemente,
mientras las demás estaban de rodillas.
Diose vuelta rápidamente luego que oyó resonar sobre el mármol mis pasosligeros,
y entonces pude verlo cara a cara.
Contuve la respiración, y luego quedé como clavado en el sitio,completamente
azorado y pálido.
El misterio era enormemente más profundo de lo que yo me habíaimaginado. La
realidad que se me presentaba ahora, era como para atontary hacer vacilar.
VIII
EN EL QUE SE HABLA LA VERDAD
La hermosa iglesia antigua, con sus pesados dorados, sus altaresrelucientes y sus
magníficas pinturas al fresco, estaba tan entinieblas, que, al principio, recién entrado
de la calle, no pudedistinguir nada bien, pero así que mis ojos se fueron
acostumbrando a lasombría luz, vi, a unas pocas yardas de donde yo estaba, un rostro
queme era familiar, una cara que me hizo quedar con la respiración ensuspenso y me
llenó de inquietud.
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.