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Gatsby
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como prueba de mi agradecimiento, ocupar sulugar y proteger a su hija, proteger a
usted, Mabel.
—¿Pero no somos, acaso, nosotros dos, mi padre y yo, los que estamos,en primer
término, endeudados con usted?—exclamó.—Si no hubiera sidopor la benevolencia
del señor Seton y de usted, yo habría seguidovagando, tal vez, hasta morir en algún
camino.
—¿Y qué es lo que su papá buscaba?—le pregunté.—Seguramente, él se lodebió
decir.
—No, nunca me lo dijo. Ignoro la razón que tuvo para andar tres añosrecorriendo
toda Inglaterra. Tenía un fin expreso, no hay duda, que alcabo realizó, pero jamás me
reveló lo que era.
—Supongo que debía ser algo que se relacionara con el objeto quellevaba siempre
consigo, ¿no es verdad?
—Creo que sí—fue su contestación. Luego añadió, volviendo a susobservaciones
anteriores.—¿Por qué habla usted de su deuda para con él,señor Seton, cuando yo
bien sé que usted, con el fin de poder pagar lapensión de mi colegio en Bournemouth,
vendió su mejor caballo, y nopudo, por consiguiente, gozar de sus cacerías esa
temporada? Se privóusted del único placer que tenía, para que yo pudiera estar en
lasmejores condiciones posibles.
—Le prohíbo que vuelva a mencionar eso—le dije rápidamente.—Recuerdeahora
que somos amigos, y que entre amigos no puede haber cuestiones dedeudas.
—Entonces no debe usted hacer alusión a los pequeños servicios que mipadre le
hizo—respondió riendo.—¡Vamos, voy a ser ingobernable, siusted no sabe cumplir la
parte que le toca en el convenio!
Y así fue cómo nos vimos obligados, desde ese momento, a renunciar atodo, y
volver a reanudar nuestra amistad sobre una base firme yperfectamente bien definida.
Sin embargo, ¡qué extraño era! La belleza de Mabel Blair, alcontemplarla de pie,
delante de mí, en aquella magnífica mansión, queahora le pertenecía exclusivamente,
era, no hay duda, capaz detrastornar la cabeza de cualquier hombre que no fuese un
juez severo oun cardenal católico; muy diferente, por cierto, de la pobre
niña,desmayada y sin fuerzas, que por primera vez vi caída, junto al camino,en medio
del triste crepúsculo invernal.
V
EN EL CUAL EL MISTERIO AUMENTA CONSIDERABLEMENTE
 

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