Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
bruces hasta el borde dela roca, usando esta precaución, porque no sabíamos si la
orilla estabapodrida, e inspeccionamos el punto con mirada penetrante.
—¡Mira!—gritó mi amigo señalando un lugar que había hacia el fondo delpeñasco,
a mitad de camino del profundo río, después que daba la abruptavuelta,—allí hay
unos escalones y una senda estrecha que conduce másabajo. ¿Y qué es aquello?
XXVIII
DESCRIPCIÓN DE UN DESCUBRIMIENTO ASOMBROSO
Miré y vi, sobre una especie de plataforma natural hecha en la roca, unapequeña
choza de piedra, cuyo obscuro techo de teja contemplábamos desdela altura.
—Sí—exclamé,—allí están los veinticuatro escalones de que habla elregistro, no
hay duda. ¿Vivirá alguien dentro de esa choza?
—Bajemos e investiguemos—indicó Reginaldo ansiosamente, y pocosminutos
después descubríamos una estrecha huella que conducía del bosquede castaños
directamente a los toscos escalones, los cuales bajabanhasta una angosta abertura
entre dos rocas. Sobre la que quedaba a laderecha vimos, profundamente grabada en
la piedra, una anticuada Emayúscula, como de un pie de largo, y pasando por junto de
ella, nosencontramos con un cangilón peligroso y lleno de escabrosidades,
que,haciendo ziszases, conducía a la pequeña choza. La puerta cerrada y laventanita
de hierro de aquella solitaria cabaña despertaron nuestracuriosidad.
Un momento después, sin embargo, el misterio quedó descubierto. Elfrente de la
choza era ojival, y sobre la clave había una pequeña cruzde piedra.
Era una celda de ermitaño, como tantos otros sitios antiguos de retiro
ycontemplación que hay en la vieja Italia, y acto continuo, al pasar pordelante de las
rocas y descender cautelosamente por la senda, abriose lapuerta, y salió de la ermita
un monje, en el que reconocí, con gransorpresa mía, al corpulento y barbudo
capuchino, fray Antonio.
—Caballeros—exclamó en italiano, saludándonos,—éste es un
inesperadoencuentro, ciertamente.—y nos señaló el banco de piedra que había fuerade
la pequeña y baja choza, el cual noté que estaba hábilmente ocultopor los grandes
árboles, cuyas copas se inclinaban sobre el río, demanera que quedaba invisible de
ambas márgenes del Serchio.
Cuando nos sentamos aceptando su invitación, él recogió su desteñidohábito
carmesí y se sentó a nuestro lado.
Le manifesté la sorpresa que me causaba encontrarlo allí, pero él sesonrió, y dijo:
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.