Read The Great
Gatsby
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—Entonces, es mejor que se economice esa molestia, señor—exclamó unavoz de
hombre vulgar y sin ninguna educación, que al oírla me sobresaltóy, al darme vuelta
rápidamente, vi que la puerta se había abierto sinruido, y en el dintel,
contemplándonos con aparente satisfacción, estabade pie el hombre que se interponía
entre mi bien amado y yo: ¡elcampesino rústico y brutal que la reclamaba con el
derecho de darle elnombre sagrado de esposa!
XXVI
FRENTE A FRENTE
—¿Me gustaría saber qué tiene usted que hacer aquí?—preguntome aquelvulgar
individuo, de facciones groseras, cuyo chato sombrero gris ycalzones cortos le daban
un aspecto marcadamente de mozo de cuadra. Y sequedó de pie en el umbral de la
puerta, cruzando los brazosdesafiadoramente y mirándome a la cara.
—El asunto que me ha traído aquí, sólo a mí atañe—contesté, haciéndolefrente con
repugnancia.
—Si le incumbe a mi esposa, yo tengo derecho de saberlo—insistió.
—¡Su esposa!—grité, avanzando hacia él y dominando con dificultad elpoderoso
impulso que sentía de golpear y arrojar al suelo a ese jovenrufián.—¡No la llame su
esposa, hombre! ¡Llámela por su verdaderonombre: su víctima!
—¿Me dice usted eso como insulto?—dijo rápidamente, poniéndose blancasu cara
de súbita ira. Mabel, al ver su actitud amenazadora, de un saltose interpuso entre
nosotros y me suplicó que conservara mi calma.
—Hay algunos hombres para quienes no pueden ser insulto las palabras,por duras
que sean—contesté violentándome,—y usted es uno de ellos.
—¿Qué quiere usted decir?—gritó.—¿Desea usted pelear?—y avanzó conlos puños
cerrados.
—No deseo pelear—fue mi rápida respuesta.—Lo único que le ordeno esque deje
en paz a esta dama. Puede legalmente ser su esposa, pero yoasumiré el papel de su
protector.
—¡Oh!—exclamó, encogiendo el labio con burla.—¿Querría saber con quéderecho
interviene usted entre nosotros?
—Con el derecho que todo hombre tiene de proteger a una mujerdesamparada y
perseguida—contesté con toda firmeza.—Le conozco, yestoy bien al tanto de su
ignominioso pasado. Ya que se atreve adesafiarme, ¿tendré acaso que recordarle un
incidente que parece haberolvidado muy cómodamente? ¿No recuerda de cierta
 

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