¿Por qué había huido aterrorizada de mí? ¿Por qué se había cometido esecobarde e
ingenioso atentado contra mi vida?
Había resuelto el secreto del enigma cifrado sólo para hundirme másprofundamente
todavía en un hondo abismo de dudas, desesperación ymisterio, pues lo que me
reservaba el libro cerrado del porvenir era,como lo verán ustedes, enloquecedor y
pasmoso.
Cuando la luz se hizo, resultó la realidad de una manera terrible, durae
incontestable, pero, sin embargo, fue tan asombrosa y extraña, que lafe en ella vaciló
y la duda pareció ocupar su lugar.
Transcurrieron varias semanas tristes y pesadas antes que me
sintiesesuficientemente mejorado para salir, y al fin, acompañado por Reginaldo,hice
mi primer paseo en coche.
Estábamos a mediados de abril, el tiempo era todavía bastante frío, y elbrillante
mundo londinense no había vuelto aún de pasar el invierno enMonte Carlo, Cairo o
Roma.
Cada año la sociedad se convierte en golondrina, volando hacia el Sud enel primer
día frío de otoño, para volver más tarde a la ciudad, y cadaseason de Londres parece
más prolongada que la anterior.
Por Piccadilly nos encaminamos a la esquina de Hyde Park, y luego, dandovueltas a
Constitution Hill, tomamos por la Pall Mall. Una vez aquí,apoderose de mí el
vehemente deseo de descansar un rato y gozar del airede St. James Park; por lo tanto
bajamos del coche, pagamos el pasaje alconductor, y apoyado en el brazo de
Reginaldo, lentamente emprendimosla marcha por las enarenadas sendas del paseo
hasta que encontramos unasiento conveniente.
El esplendor y la belleza de St. James Park, aun en un día de abril,constituyen
siempre un goce para los verdaderos londinenses. Muchasveces me he asombrado de
ver qué poca gente aprovecha de sus ventajas.Los maravillosos árboles, el delicioso
lago con su sábana de aguaplateada, todos los encantos y bellezas de los paisajes
ruralesingleses, y luego esa sensación que se experimenta al darse cuenta deque lo
rodean los grandes palacios, departamentos y oficinas delgobierno de nuestro gran
imperio; o, en otras palabras, ese silencio deque se goza en su seno entremezclado con
la vida exterior febril ytumultuosa, hacen que el parque de St. James sea uno de los
másencantadores retiros de Inglaterra.
