»Esa gente me perseguirá hasta la muerte; por lo tanto, prefiero viviroculta lejos del
alcance de sus burlas y de su venganza, antes quequedarme para ser el blanco de sus
desprecios y tengan así laoportunidad de señalarme con su dedo burlón y desdeñoso.
»El secreto de mi padre jamás podrá ser suyo, porque sus enemigos sondemasiado
ingeniosos y astutos. Han tomado toda clase de precaucionespara tenerlo bien
asegurado contra sus esfuerzos y empeños. Deconsiguiente, le aconsejo, como
verdadera amiga, que es inútil trate deluchar contra la tempestad. ¡Todo es en vano!
»¡Exponerme a la situación es peor para mí que la muerte! Créame quesólo la
desesperación ha podido arrastrarme a dar este paso, porque loscobardes enemigos de
mi padre y míos han triunfado.
»Le pido al mismo tiempo olvide completamente que ha existido en elmundo una
persona del nombre de la desesperada, afligida einfortunada—Mabel Blair».
Quedé parado, con la carta abierta en la mano, manchada en
lágrimas,absolutamente mudo y desconsolado.
EL MISTERIO DE UNA AVENTURA NOCTURNA
—Exponerme a la situación es peor para mí que la muerte—decía en sucarta.—
¿Qué podría significar eso?
La señora Percival adivinó por la expresión de mi semblante la gravedadde aquella
carta, y, poniéndose rápidamente de pie, acercose a mí,colocó su mano con cariño
sobre mi hombro, y me preguntó:
—¿Qué sucede, señor Greenwood, no puedo saberlo?
En contestación le di la carta. La leyó velozmente, y después dejóescapar un grito
de espanto, comprendiendo que la hija de Burton Blairhabía huido del hogar. Era
evidente que ella le temía a Dawson,habiéndose dejado dominar por la creencia
aterradora de que su secreto,sea lo que fuere, se haría público ahora, y había huido,
según parece,por no volver a encontrarse frente a frente conmigo. ¿Pero por qué?
¿Dequé naturaleza podría ser su secreto para que tanto la avergonzara y laobligara a
esconderse?
La señora Percival hizo llamar a Crump, el cochero, que había llevado enel
bróugham a su joven ama hasta la estación de Euston, y lointerrogó.
—La señorita Mabel ordenó el cupé, señora, unos momentos antes de lasonce—
contestó el hombre, saludando.—Llevó su valija de cocodrilo,pero, anoche despachó
por Carter Patterson un gran baúl lleno de ropausada, así le dijo la señorita a su
