Era costumbre establecida que el jefe de la policía me enviase
todas lastardes un informe sobre la situación en la capital y el
estado de laopinión pública; documento que también contenía
datos relativos a laspersonas que la policía tenía orden de
vigilar. Desde mi llegada aEstrelsau, Sarto me leía el referido
informe, comentando muchas noticiasde interés que solía
contener. El día siguiente a mi aventura en elcenador, trajeron el
parte de policía en ocasión de hallarme jugando unapartida de
tresillo con Federico de Tarlein.
—Muy interesante viene el informe de esta tarde—dijo Sarto
sentándose.
—¿Habla de cierta aventura nocturna?...
El coronel no pudo reprimir una sonrisa y dijo:
—Leo en primer lugar: «Su Alteza el duque de Estrelsau ha
salido de lacapital (repentinamente, al parecer) acompañado de
algunos de susservidores. Se cree que su destino es el castillo de
Zenda, en direccióndel cual salió, no por el tren, sino a caballo.
Los señores de Gautet,Bersonín y Dechard le siguieron una hora
más tarde, llevando el últimoun brazo en cabestrillo. Se ignora
la causa de la herida, pero sesospecha que ha tenido un duelo, en
el que figura como causa una mujer.»
—Informes auténticos—observé, alegrándome al saber que el
bribón teníabuena memoria mía.
