eseHenzar es el más cruel de todos... y el más temible también
cuando haymujeres cerca.
Cesó de hablar el guardabosque y dispuse que Tarlein diese
orden devigilarlo cuidadosamente. Pero antes de que se lo
llevaran le dije:
—Si alguien te pregunta si hay un prisionero en Zenda, puedes
contestarque sí, pero si te preguntan quién es cállate. Todas mis
promesas nopodrían salvarte la vida si alguien llegase a saber
que el Rey está enel castillo. ¡Yo mismo te mataría como un
perro si la verdad sesospechase siquiera en esta casa!
Cuando hubo salido miré a Sarto.
—¡Difícil empresa, amigo!—le dije.
—Tanto—respondió moviendo pensativamente la encanecida
cabeza,—quesegún toda probabilidad dentro de un año seguirá
usted siendo Rey deRuritania. Y dicho esto desahogó su cólera
lanzando una sarta demaldiciones contra Miguel el Negro.
—Mi opinión es—dije reclinándome en las almohadas,—que
sólo tenemosdos medios de sacar al Rey vivo de Zenda. El uno
es lograr que losamigos del Duque le hagan traición...
—Prescinda usted de ese medio—dijo Sarto.—Veamos el otro.
—¡Pues el otro—dije,—es ni más ni menos que un milagro del
Cielo!
Grande hubiera sido la sorpresa del buen pueblo ruritano si
hubierapodido oir la conversación que acabo de transcribir,
