modernos,» «El resultadofinal» y algunas otras obras originales
de Burlesdón gozan muy justorenombre.
—Tiene mucha razón Roberto—declaré.
—Prométeme que lo harás—dijo Rosa muy entusiasmada con
mi plan.
—Nada de promesas, pero si reúno suficientes materiales lo
haré.
—No se puede pedir más—dijo Roberto.
—¡Qué materiales ni qué calabazas!—exclamó Rosa, haciendo
un graciosomohín.
Pero no cedí, y tuvo que contentarse con aquella promesa
condicional.Por mi parte, hubiera apostado cualquier cosa a que
mi excursiónveraniega no daría por resultado ni una sola página.
Y la mejor pruebade que me equivocaba de medio a medio, es
que estoy escribiendo elprometido libro, aunque confieso que ni
me puede servir a mí paralanzarme a la política, ni tiene nada
que ver con el Tirol.
Y bien puedo añadir que tampoco merecería la aprobación de
la Condesa micuñada, suponiendo que yo lo sometiese a su
severa censura; cosa que meguardaré muy bien de hacer.
QUE TRATA DEL COLOR DE LOS CABELLOS
Mi tío Guillermo solía decir, y lo sentaba como máxima
invariable, quenadie debe pasar por París sin detenerse allí
veinticuatro horas. Y yo,con el respeto debido a la madura
experiencia de mi tío, me instalé enel Hotel Continental de
