Mientras tanto, había vuelto al piso superior y, apoyándome
contra unacolumna gótica, adornada con tristes emblemas,
advertí unos caracterespenosamente trazados sobre una de las
caras del zócalo, y leí losiguiente:
«Viendo la ceguera y las miserias del hombre, y esas
contrariedadessorprendentes que se descubren en su naturaleza,
y mirando al universoentero mudo y al hombre sin luz,
abandonado a sí mismo y como extraviadoen este rincón del
universo, sin saber quién le ha puesto en él, qué havenido a
hacer, cuál haya de ser su destino futuro, yo me espanto comoel
hombre a quien hubiesen llevado dormido a una isla desierta
llena depeligros, y se despertase sin conocer dónde está ni los
medios desalir; reflexionando sobre esto me admira cómo el
hombre no se desesperapor tan miserable estado.»
En estas líneas Pascal ha bosquejado toda la historia del
génerohumano.
Estamos lejos de la época en que el lector deseaba en las
novelas esosdesarrollos hábilmente conducidos que aumentan el
interés de una accióna la que concurren todas las circunstancias;
esos detalles de costumbresy de caracteres que hacen vivir en el
espíritu las cosas y las personas,el atractivo extraordinario y
punzante de las combinaciones libres de laimaginación,
