conceder a su amigo sepultura católica, porque en el misterioen
que había sobre la naturaleza de su muerte, había temido
excederse ensus deberes rodeando el ataúd del infortunado de
las pompas de lareligión.
Guillermo se levantó, cogió a su amigo en sus brazos y se
dirigiósilenciosamente a la orilla del río, donde cavó una fosa,
colocandoencima una piedra con una sencilla inscripción, pero
el primer vendavalllenó la inscripción de arena y polvo, y la
primera crecida del Danubioarrastró piedra, sepultura y cadáver.
Guillermo murió al año siguiente.
Eulalia aún vive; ahora tiene veintiocho años.
LAS MEDITACIONES DEL CLAUSTRO
La existencia del hombre desengañado es un largo suplicio;
sus díasestán sembrados de desengaños y sus recuerdos llenos
de remordimientos.
Se nutre de absenta y de hiel; el comercio de los hombres se le
ha hechoodioso; la sucesión de las horas le fatiga; los cuidados
minuciosos queconstituyen su obsesión le importunan y le
sublevan; sus propiasfacultades son una carga para él, y
maldice, como Job, el instante enque fue concebido.
Vacilante bajo el peso de la tristeza que le anonada, se sienta
al bordede su fosa y, en la efusión del dolor más amargo, eleva
