ha lanzado un grito de horror.«¡Adela, Adela!», ha dicho el
señor de Seligny fuera de sí. Hemosentrado. La habitación
estaba vacía. De pronto se me ocurre una idea. Laventana está
abierta y me abalanzo a ella. ¡Qué cuadro, señor Eduardo!La
infortunada había creído oír a Maugis. ¡Y ella había dicho
quemoriría si se presentaba a ella!
No hay esperanza ninguna; está muerta. ¡Pobre padre! ¡Y él
sobre todo!¡Conciba usted su desesperación!
¡Venga, venga, señor Eduardo! sólo usted quizás... Pero, ¿qué
ruido esése?... ¿será que...? ¡Ah! Dios todopoderoso, ¿qué os
hemos hecho paraatraer hasta ese punto vuestra cólera? ¡Ay,
señor Eduardo, no vengausted!
[A] Es inútil recordar al lector que esto fue escrito en elreinado de Napoleón.
[B] Este prefacio fue compuesto para la primera edición deAdela.











