Quiso él levantarse para ayudar a su compañera, pero la
Ansiosa leechó los brazos al cuello:
—¡Déjala! ¡Qué te importa! ¡Tú pa mí!
Jimmi sacudiole un puñetazo en pleno rostro que la hizo
echarse haciaatrás, manando abundante sangre por las narices.
Iba ya a levantarse el muchacho, cuando la mujerona tornó a
caer sobreél; no se podía decir esta vez si para matarlo o para
poseerlo. Lasotras siguieron su ejemplo, y las tres arpías
comenzaron a su vez unalucha épica de mordiscos, besos,
golpes.
De pronto, la bombilla eléctrica cayó rota y se hizo la
oscuridad. Enlas tinieblas seguía la lucha bárbara entre gritos,
lamentos, gemidos,juramentos y maldiciones. Rodó la mesa, y
sobre ella cayeron todos enmontón, y en el suelo prosiguieron
aún. En las sombras resonó,angustiosa, la voz de Jimmi:
Hubo un momento de confusión y luego un impulso de fuga.
Cuando acudieron con luces, en el suelo, en el montón que
formaba lamesa hecha astillas, sobre el mantel manchado de
sangre y vino, yacíanyertos, rígidos, inanimados, Nieves y
Jimmi, como dos pobres muñecos decera.
Vers l'archipel limpide, ou mirent les Iles.
L'Hermafrodite nu, le front cenit de jasmin,
Épuise ses yeux verts en un rêve sans fin;
Et sa souplesse torse empruntée aux
reptiles,
