souterraines,
Guériseur familier des angoisses
humaines,
Ô Satan, prends pitié de ma longue misère!
Toi qui, même aux lépreux, aux parias
maudits,
Enseignes par l'amour le goût du Paradis,
Ô Satan, prends pitié de ma longue misère!
El Laberinto estaba ingeniosamente distribuido en numerosas
salas ypasadizos tortuosos, con el fin de ocultar a todas las
miradas elvergonzoso ser nacido de un deseo inmundo y que
había de habitarallí.
Llegaron a la caída de la tarde, un día en los comienzos del
mes deseptiembre. El crepúsculo espléndido tenía en su
magnificencia y en sulentitud la tristeza punzadora de ciertas
agonías, esas inacabablesagonías de muchachas pálidas y
soñadoras a que la tisis presta la alegreneblina de las ilusiones
color de rosa. En el ambiente tibio, perfumadode aromas
