alrededores, miró detrás de lossetos, escudriñó la maleza, siguió
un buen trecho la orilla de un arroyoque había a la izquierda.
Pero se agotó la caja de fósforos antes quepudiese topar con su
enemigo. Dió la vuelta desesperado, bramando derabia.
Si efectivamente el duque de Tornos andaba por allí
escondido, ¡qué buenrato debió de haber pasado!
en que da fin la presente historia con algunos notables, cuanto
tristessucesos
Ventura, así que vió desaparecer a su esposo por el balcón, se
vistióapresuradamente. Salió del cuarto en busca de algún
criado. Justamentellegaba Pachín, con una luz en la mano, con
la faz descompuesta.
—El señorito va corriendo detrás del señor Duque por la
huerta—dijo,con voz apenas perceptible.
—¿Lo alcanzará?—preguntó la infiel esposa, muy pálida,
aunque repuestaya bastante del susto.
—No lo creo. El señor Duque tiene el caballo amarrado al
lagar deAntón. Lleva delantera para poder montar, y entonces
imposible seguirle.
—¿Dónde me escondo yo? Si vuelve, me mata.
—Lo mejor sería salir de casa, señorita... Venga conmigo.
La joven le siguió al través de los pasillos. Bajaron la escalera
deservicio, y salieron por la puerta de la cocina. Pachín quería
llevarlaa casa del párroco, que la tenía no muy lejos de la
posesión. Cuandosalieron al jardín, vieron venir corriendo a
