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Gatsby
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Esta se encogió de hombros. Pero Venturita había observado
el movimientode Gonzalo, su sorpresa y las palabras que dirigió
a Cecilia. Se pusocolorada, y bajó la voz. Luego, observando la
mirada burlona de sumarido, le clavó otra, relampagueante y
colérica.
Mientras tanto, doña Paula explicaba a don Rufo la marcha de
sudolencia. Cosío describía con orgullo a Peña y Pablito las
grandezas ycomodidades del castillo de Bourges, donde el
Duque tenía su famosagalería de pinturas.
Sólo don Rosendo permanecía silencioso, cada vez más
inquieto, haciendocon los dedos nerviosos bolitas de pan. De
pronto, su noble faz seextendió con una sonrisa bienaventurada.
Todos levantaron al mismotiempo la cabeza al escuchar en la
calle un trompeteo horrísono. Era laorquesta de Lancia que al
fin había llegado.
XVI
de lo mucho y bueno que hizo el duque de tornos en sarrió
El Faro dedicó casi todo su número del jueves a cantar
ditirambos alduque de Tornos. Publicó su biografía en la
primera plana, describió enla segunda su entrada triunfal en la
romería y el modo gallardo con quefué acompañado por las
jóvenes más hermosas de la villa en medio decantos y vítores.
Insertó cerca de esta descripción unos versos con elmismo
asunto de uno de los chicos de don Rufo. Por último, en la
planatercera, aún podían leerse dos o tres gacetillas referentes al
egregiohuésped. El Joven Sarriense se limitó a dar la noticia de
su llegadaen un gacetilla cortés y fría, titulada Bien venido. Pero
a renglónseguido, y cogiendo la ocasión por los pelos, la
emprendió como siemprea tajos y mandobles con sus enemigos.
 

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